miércoles, abril 05, 2006

Así se duerme en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

"La higuera más próxima se encontraba en una chacra situada a poco más de un kilómetro, y dada la época del año se encontraba cargada de brotes color verde claro." [Manuel Puig. 'Boquitas Pintadas', pág. 239, Sudamericana, Buenos Aires, 12ª edición, 1973]

El tipo no va mucho al cine, pero es muy cinematográfica la manera en que se le cruzaron emociones e imágenes de otros tiempos. Primero fue la silueta del jardinero gordo cortando rosas mientras el pibe se sacaba las legañas. El aroma con que una rosa cortada impregna el aire es inconfundible: hay poemas de Borges, de Rilke y hasta del poco conocido y menos imaginado Cortázar sonetista que lo traen nuevamente con todas sus propiedades a la todavía en este otro siglo normalmente anósmica nariz de aquel niño de 1967.

Luego, la secuencia muestra una perrita de la prestigiosa raza Puro Perro, campeona moral en varias exposiciones del más alto nivel internacional, deslizándose, acaso una mañana diferente de la del corte de rosas y césped, por la ventana del dormitorio hacia el lecho del precoz detector de la materialidad de los supuestos emblemas poéticos.

La acción discurre en la secuencia siguiente hacia un rincón del jardín donde el padre del sujetito, mientras se espera el secado de la pintura recién aplicada a la cucha de las perras (en esos tiempos arcaicos a los canis familiaris se les construía su casita en madera, en símil "Viviendas Tarzán"), enseña a su vástago las propiedades musicales del corcho frotado sobre una botella vacía de vino Toro, cuyo efecto armónico y contrapuntístico inmediato resulta ser la respuesta del canario, un auténtico chansonnier plumífero que nada tiene que envidiar a los mirlos de archivo sonoro de la discográfica EMI que responden a Paul Mac Cartney en "Blackbird".

Ahora el oportuno fundido a negro nos lleva a una mañana, acaso la del día siguiente: un canal de la televisión marplatense emite "Randall, el Justiciero", con Steve Mc Queen. La serie se ve en el blanco y negro de estilo, pero muchos años después varias damas que no se conocen entre sí dirán al entonces niño que sus ojos son iguales a los de Mc Queen. La noche anterior, y si no fue la noche anterior habrá sido una noche cualquiera de esa época, el televisor Philco, tras un partido de uno de los San Lorenzo, porque hay que tener en cuenta que el Milan marplatense y el Ciclón en blanco y negro fotografían igual, y eso ayuda al señor del corcho a asentar la Leyenda de la Imbatibilidad Azulgrana en la ya poderosa mente del pequeño, el televisor Philco, arrastrado del living al dormitorio de los padres del enano mediante una serie de alargues de cable de electricidad (redondo enrollador rojo y blanco como la Sociedad de Fomento o la UCR a la que estuvo afiliado papá) y alargue de cable plano de antena, éste metido en un enrollador ocre (el cable del alargue era transparente y plano, y se veían los filamentos dorados que morían en la ficha blanca), el televisor Philco, más pequeño que el CBS que la abuela tenía en Buenos Aires, refleja un capítulo de "Los intocables": eran cerca de las 22.00 hs. en aquel invierno marplatense, cuando en su lujosa mansión cercana a Cabo Corrientes, al tiempo que las furiosas olas azotaban la escollera, el futuro Presidente de San Lorenzo de Almagro se quedó dormido mientras el joven matrimonio A & M (treinta y dos ella, morocha y Géminis, treinta y uno él, rubio y Piscis) se castigaba con las andanzas de Robert Stack, supuesto el caso que no hayan procedido a menesteres más lujuriosos ;-). Después preguntan por qué me gustan Chandler y el gordo Soriano.

Ahora estamos en una oficina de un diario o acaso la sala de redacción de una radio, tras un aburrido paso por el canal de televisión local, donde el señor del corchito ha entrevistado a un funcionario de la dictadura número chiquicientos mil cuatrocientos dos (un poroto en comparación con lo que vino años después) o acaso a un centroforward de madera destinado a que luego con la comisión que recibirán los desinteresados hombres de prensa cuando el tronco sea fichado en Baires vayamos todos a comer como lima nueva en algún sitio caro de la ciudad. Lo cierto es que era un fulano de remera amarilla, circunstancia que viene a hacer mucho más potable a la segunda que a la primera de las hipótesis enunciadas, y ahora el alevín de bitacorero, para vengarse del mortal aburrimiento imperante desde su punto de vista en los medios en que se desenvuelve laboralmente su progenitor, castiga duro y parejo con dos dedos (igual que papá: no hay periodistas dactilógrafos) una Remington de enormes teclas. Años más tarde, acaso por influencia de mamá y seguro como preparación para menesteres propios de ladrones de gallinas de alto vuelo, el nene se hará dactilógrafo, usando todos sus diez dedos al punto de ser reconocido fácilmente por sus amistades en los mensajeros por culpa de su endiablada velocidad así tome la precaución de cambiarse el nick.

Lo que queda es una sesión de instantáneas, Polaroids ajadas por el paso del tiempo: algunas vueltas por la playa, asados, una cortina que se incendia al rozar la estufa de querosén, y la gloriosa luna anaranjada de la Ciudad Ombligo del Universo, que años más tarde alguien no quiso mirar al amanecer, iluminando en solitario los veleros de la Revista Naval Internacional que pasaban ante la costa como los barquitos de la caja de Old Spice.

Ahora el tipo se ha levantado a mear y, como está completamente loco, después de la micción va a la cocina y se toma dos vasos de Terma pomelo cortado con agua mineral.

La lucha continúa: al volverse a amodorrar, regresa a 1970, más o menos. Olmedo, con bigotazos y bombín, aparece en blanco y negro, pero en el tele de la abuela, pantalla de más pulgadas que el de los viejos. El viejo payaso rosarigasino aúlla entusiasta "¡Rucuuucu!!!" y tapa la cámara con la palma de su mano. El televisor está puesto en la puerta de una de las habitaciones, mirando al patio, porque es verano. Circula el matienzo y es de noche en Buenos Aires Portuarian City. A unas diez cuadras está la sede de Huracán: los delata el pertinaz olor a residuo domiciliario que viene del lado sur, desde la Avenida Caseros, a la vuelta del Correo ("...los dos carteros y tres mensajeros del barrio le desean unas Felices Fiestas" ;-): una tarjeta de cartulina blanca con letras azules). El forastero que buscase la cárcel famosa no debería, entonces como ahora, sino orientarse por medio del olfato y hasta tendría la desgracia de dar con esa pintoresca gentuza también, cosa que su amargura sea completa. El Más Grande pasa por su Hora Más Gloriosa: ya ha sido campeón, tras casi una década de espera, y próximamente habrá más Victorias Azulgranas para deleite de los Hombres de Bien. Nadie me ha avisado que semejante circunstancia no es normal: cuatro campeonatos en siete años desborda largamente nuestra media histórica. Hay incomprensibles quilombetes políticos, y uno de mis tíos llega de la Facultad a altas horas de la madrugada relatando al núcleo familiar inverosímiles excusas, y luego se sienta a darle al pan con salame y queso.

Una nueva interrupción: la murga del barrio está ensayando su percusión a las dos de la mañana de un lunes, ¡porca miseria! Ya que estamos, viene bien una nueva visita a la cocina para ingerir unos bizcochitos que sobraron del mate. Y en el camino de regreso, iluminado por el reflejo de la luz pública municipal, presentar nuevamente nuestros respetos al popular Mr. Ferrum. En aquel lejano 1970 me las hubiera tenido que ver con el Sr. Pescadas, que pese a su apellido luego supe era miembro de una sufrida, estoica familia de níveos sanitarios que se importaban de Gran Bretaña.

La tercera secuencia de la película se desata al coincidir la victoria de Morfeo sobre el dúo Eco-Momo y sus Percusionistas Asesinos (lindo nombre para una banda punk). Los brotes de color verde claro de la tela de encuadernación de la cubierta de una selección in English de poemas y cuentos de las hermanas Charlotte y Emily Brontë que su destinataria dijo estar disfrutando como una enana y hasta tradujo para él. También, el tallo severo y negro de una edición CEAL de los "Espantapájaros" de Girondo y la extraña antología "Cuando la ciencia empezó a ser ficción", o título por el estilo, que reunía a Cyrano y a Bierce, entre otros, libros que quitó para ella del desorden cósmico de su propia biblioteca. Y las "Crónicas del Ángel Gris" de Dolina, pero no en su primera edición made in Uruguay, azul y con una cubierta fantástica, sino una nacional más reciente, aumentada y disminuida por su autor.

Llegado a este punto, empezó el bello durmiente a inquietarse al advertir que eso ya no era sino un collage fílmico y a tomar repentina conciencia de que si esos libros ya no estuvieran en poder de la propietaria de aquellos ojos negros (sabido es que en su opinión el infrascripto es un cínico de tomo y lomo), entonces acaso el niño que aprendió a percibir el aroma de las rosas hubiera muerto un poco más. Esa sensación era el preludio de una vigilia. Y se despertó, yendo a buscar en plena madrugada otoñal la cita precisa de "Boquitas pintadas" que sirve de preludio a esta fantasmal sesión cinematográfica de medianoche de martes a miércoles. Una improvisación de miércoles sobre el fresco recuerdo del lunes, lo sé, pero es que el aroma de una rosa despierta a cualquiera. Los cultores de la memoria solemos encontrarnos en sitios insólitos con nosotros mismos, ante cualquier puerta o ventana que haya quedado sin cerrar del todo.

Tengan ustedes muy felices sueños.

31 comentarios:

... nada para decir dijo...

"no hay ternura mayor que la de acariciar algo que duerme"

(era algo asi)

Alfredo dijo...

(Era algo así, sí). A veces el piloto automático de la memoria nos trae series sueltas de descartes de la película de la vida, que acaso nada significan. Y es curioso cómo los que parecen ser los mejores momentos en su oportunidad parecieron intrascendentes. Acaso a veces seamos felices sin saberlo.

Ignis fatuus dijo...

Y los desencadenantes?
A mí el otro día se me cayó una fotografía de un libro y el resto del día ya no fue igual.
Un hilo, invisible, traía acontecimientos parapetados en el pecho.
La noche es la mejor pantalla para todos esos fotogramas que surgen de pronto. Y sí, esa sensación de la que hablas es curiosísima...
y todo lo que darías por volver a sentirte así aunque en ese instante no lo considerabas *tan* especial y más bien cotidiano.
Me pasa con algunas épocas... Lo más curioso todavía, es que probablemente, dentro de diez años, recordaremos ésta y quizá nos tiremos de los pelos por las quejas y los aluviones de otros recuerdos...
Un abrazo,

Mnemosine dijo...

La memoria es el castigo de los proclives...

Alfredo dijo...

Ignis: Así es, la noche es un disparador de fotogramas latentes. En cierto foro en que participábamos con Mnemósine y Principio, había un nick que decía localizarse en la "Ciudad Autómata de Buenos Aires", y en eso pensaba, en cierto automatismo del recuerdo en un sitio determinado cuando las somrbas de la noche nos envuelven. Abelardo Castillo, uno de nuestros grandes narradores, decía ayer en una entrevista que le hicieron por la tele - en un habitualmente muy aburrido programa que en esta oportunidad él salvó con su charla amena - que acaso sea así en todo el mundo, pero a él la Argentina toda y Buenos Aires en particular le parece son lugares que empiezan a vivir a partir de la hora en que declina el Sol. De noche, afirma Castillo y yo le creo, sí que tenemos historia porque nos sorprenden esos fotogramas mezclados con la percepción de lo que está sucediendo fuera: tenemos memoria.
Mnemósine: Es el castigo de los proclives. ¿Qué duda cabe? ;-)

principio de incertidumbre dijo...

No leí todo el texto (hago trampa). Yo no digo que todo lo breve sea bueno... ¡pero un poco de brevedad, viejo! :)
(que salgo de rendir, alfred)

Como ya citaron a Abelardo Castillo. En un libro que me regaló mi chico (uno de cómo ser escritor), don A.C. cuenta una anécdota con Cortázar. Julio lo llama de noche a la casa (a abelardo), y él estaba durmiendo con la novia. Y Cortázar le dice que no hay nada más lindo que dormir con la novia.

No sé si venía al caso. Pero si me acuerdo traigo el fragmento, correcto y prolijo.

¡Saludísimos!!!

Mnemosine dijo...

¿Con la novia de Cortázar? De Abelardo Castillo un día de estos recupero... algo.

principio de incertidumbre dijo...

no. si serás. Sé que me expliqué mal. Aberlado dormía con la novia y Cortázar lo llama. Y ABERLARDO no lo reconoce y le cuenta que dormía con "su" novia. Y Cortázar dice que no hay nada más lindo que dormir con la novia.


Claro que contado así pierde toda gracia...




P.D. hasta donde sé, vos tenés libros de él.
El que busca encuentra. (frase trillada, pero de mano)
Abrazo.

Alfredo dijo...

El bueno de Abelardo (que no es el Pierre Abelardo de la Sorbona, en cuyo caso nada adelantaría con andar transándose de facto a las Eloísas de sus amigos ;-)) tiene un cuento nada anfibológico pero afín a eso de levantarse y acostarse con gente llamado creo que "La madre de Ernesto".

La comprendemos, principito: fue una expresión poco exacta para describir la sutuación. En el reportaje que refería, Castillo contó que la primera vez que entró a su casa Cortázar era de noche, estaba encendida la radio, y el DJ de la emisora - como si supiera - justo en ese preciso instante puso a Charlie Parker.
Cosas veredes, Sancho...

Mnemosine dijo...

Mas que nada porque el tal Abelardo (s.XI) abandona a la mujer en un convento por "amor a Dios" (o amor de dios, ¿quien sabe?)

Parker, menuda trompeta que diría aquel (yo mayormente)

Alfredo dijo...

Y la historia de don Abelardo es tortuosa: también incluyó la ulterior castración a manos de sus enemigos. La Sorbona es, decía uno de mis profes de tiempos universitarios, un sitio peligroso desde tiempos inmemoriales.

Curiosidad: por estos lares tuvimos otro Abelardo, un lunático supuestamente de izquierdas con anteojos de muchas dioptrías, que proponía sacar a los curas de los monasterios y a los militares de sus cuarteles para hacer la revolución socialista bajo la conducción del Tte. Gral. Juan Domingo Cangallo (¿creía Ud. que sólo José Antonio decía estos dislates?; pues no, señor mío: el 'Colorado' Ramos también :P).

De ahí nuestra simpatía por Castillo, único Abelardo sensato, que nos lleva a recalcar de qué Abelardo vamos tratando. Él dice que el compromiso de un escritor es con su literatura, y que para expresarse están los géneros: si uno quiere ponerse lírico, hay puemas; si se quiere narrar, hay cuentos y novelas, y -finalmente- si quiere hacer política o religión o ideología perorada, entonces el género se llama ensayo o artículo periodístico. Eso evita terminar pareciéndose a los otros dos Abelardos y perderse a las Eloísas.

Finalmente, apúntole en voz baja que Charlie "Bird" Parker acaso tuviera una trompeta grande, pero su instrumento habitual, en los registros gramofónicos, en la peli de Clint Eastwood y en el hermoso cuento "El perseguidor" de Cortázar (véase el libro "Las armas secretas"), era el saxofón tenor, a veces de plástico.

¡Salúdole con distinguida consideración, oh Mnemosine!

lucas dijo...

No sé si será la noche o Buenos Aires (Moreno en mi caso), pero a esa hora (cuando a la noche le salen ojeras :S) y en esa localidad me suelen atacar las nostalgias.
Linda secuencia de instantaneas, no sé si será raro o no, pero encontré anacronicas coincidencias.

PD:Yo tengo el libro azul primera edición de las Cronicas firmado...pero se me rompió y perdí las tapas.

Alfredo dijo...

Una pena: los dibujos de Carlos Nine (el ilustrador de 'Humo®' a fines de los setenta, cuando se publicaron las notas originales de Dolina) para esa edición son muy buenos, sobre todo la de la tapa. Yo lo que tengo firmado es una recopilación de décimas de Nicomedes Santa Cruz, edición peruana, pero le hice unas tapas nuevas con cartulina plastificada. A saber cómo vino a parar a la librería de viejo donde lo encontré el librito autografiado del peruano (que tenía la misma voz que Guerrero Marthineitz, se ve que las compraron en el mismo barrio ;-) ).

Anacrónicas coincidencias y realismo mágico o fantástico: por ahí arriba contaba lo del DJ que puso a Parker en el preciso instante en que Cortázar entraba por primera vez a la casa de Castillo, y hace un rato presencié cómo a alguien que tiene de abonada permanente a una señora octogenaria que recibe donaciones (en buen criollo: pide limosna) en el microcentro y que no hay manera de que pueda conocer el nombre de su ocasional benefactor, aquélla le dijo tras recibir una moneda de $0,25: "Dios te bendiga, Fulano (aquí el exacto nombre de pila del donante)". Si me lo contasen sin haberlo presenciado, le preguntaría al narrador de qué secta es y por qué me inventa milagros para convencerme...

Decididamente, Haldane (un gran biólogo inglés, extraña persona él mismo, partidario del materialismo histórico y de ciertos despotismos políticos) tenía razón: el universo no sólo es más raro de lo que creemos, sino de cuanto podemos imaginar.

... nada para decir dijo...

y sigue durmiendo la ciudad?

Alfredo dijo...

La ciudad nunca duerme. Las conciencias tampoco: ¿ha leído, señorita, la metáforica historia del uruguayo Funes, que cuenta don Georgie en alguna parte de su vasta obra ;-)?

A veces no podemos evitar la tentación, y contamos lo que no se debe. Claro que el acaso lector no tiene modo de constatar qué es verdadero y qué es falso. Salvo la intuición, tan artística y poco científica.

Mnemosine dijo...

Siempre toco el instrumento equivocado (pueden leerse otras aportaciones erróneas del mismo cariz en otros diarios cibernéticos que soportan mi presencia).

Georgie Dan tiene una espectacular muestra de mal gusto y peor desenlace (pero eso lo dejo para más adelante).

Mis últimas noticias de la sobona que tengo hablan de huestes de extrema derecha preconizando las intempestivas reflexiones de Giscard (perdón, del amigo de judíos antijudío que no nombro). La universidad francesa siempre la asocio a un tipo gigantesco debatiendo en un latín incomprensible...

Curioso lo de Haldane, acabo de leer al gran Freyman y todavía sigo pensando que un par de científicos merecen todos mis respetos.

Mnemosine dijo...

Alfredo roshi escribió:

"Se me olvidaba: desde mi encuentro con Montag y su tardía pero digna rebelión, siempre tengo en reserva otro fragmento de escritos ajenos, otro párrafo "sampleado" en mente listo para analizar. Los fugitivos somos el futuro de la memoria, somos la reserva moral de la identidad humana, y Ray me ha contado, cuando yo tenía dieciocho irrepetibles años, que hay que guardar cosas importantes en el recuerdo, porque al mediodía llegaremos a la ciudad"...

que quema los libros y las almas.

Desgraciadamente ni yo consigo acordarme de todo.

Alfredo dijo...

Fijate que yo soy 33% franchute y sin embargo (será algún cromosoma teñido de sangre occitana-rosellonesa y la devoción ancestral a las herejías ;-)) nunca me atrajo la cultura 'francienne'. Y siempre me ha resultado interesante el paralelo entre lo que los tales hicieron en Argelia y su hipócrita prédica bienpensante respecto de las atrocidades ajenas (y no puedo dejar de pensar en ese señor que decías). La Universidad francesa discute sobre Disneylandia, pero nunca sobre la realidad: es pantagruélica. Dudo que alguna gente graduada allí haya leído al maestro Rabelais, siempre de temporada.
Haldane es más curioso de lo que él mismo hubiera imaginado. Una vez lo encuestaron acerca de la Gloriosa Revolución de Cromwell, y contestó secamente: "Si el Rey Carlos hubiera sido un geranio, sus dos mitades hubiesen sobrevivido"...
Y las megalópolis como Baires, Sao Paulo, etcetera, sí se tragan a la gente. Pero yo espero llegar a otra ciudad hecha a la medida de las almas, una ciudad donde suenan blues o fragmentos de Mozart y Arcangelo Corelli, y una enorme Biblioteca laberíntica nos recibe al traspoenr las murallas, coronada su cúpula de áureas tejas: supongo es la persistencia en nuestra cultura americana del mito de Eldorado o la Ciudad de los Césares.

Mnemosine dijo...

"laberíntica nos recibe al traspoenr las murallas, coronada su cúpula de áureas tejas"

Nunca guste de los adornos amarillos, lejos de supersticiones, recuerdo siempre la enorme frase de Zweig de la sorpresa de los hijos de la Naturaleza ante la locura desatada en los "hijos de la civilización" el vil metal.

Puede que algún día nos encontremos en algún rincón, en el último anaquel y le pida el libro que este leyendo de Rabelais.

Alfredo dijo...

Concedido. Abarajo el último estante del segundo modular de la biblioteca, donde andan los libros franceses, y transcribo:

«... Buenas noches, señores. Perdonate mei y no penséis tanto en mis faltas que olvidéis las vuestras.
Si acaso me dijéreis: "Maestro, tal parece que no sois muy sabio al ponernos por escrito estos embustes y alegres burlas", entonces os responderé que vosotros no resultáis mucho más sabios que yo al leerlos.
Sin embargo, si es que los leéis por alegre pasatiempo, que fue como yo los escribí, vosotros y yo somos más dignos de perdón que esa caterva de monjes ambulantes, beatos, caracoles, hipócritas, camanduleros, bigardos, borrachos y otras sectas de gentes que se han disfrazado como máscaras para engañar al mundo. Porque dan a entender al pueblo en general que no se ocupan sino en la contemplación y la devoción, en los ayunos y la maceración de la sensualidad para sostener la fragilidad de su naturaleza humana, pero por el contrario se dan la gran vida...»

Panchois Rabelais, Capítulo XXXIV y final del "Gargantúa y Pantagruel", intitulado "Conclusión del presente libro y excusas del autor"

;-)

PD: Sí, es curioso lo de imaginar un temploarchivo de la cultura bajo una cúpula dorada. Imagínome es la perniciosa influencia de las películas de Indiana Jones, y asimismo las visiones, habidas bajo los efectos del hambre, la sed y la fiebre que desecan y abrasan a los intrépidos expedicionarios, del Capitolio de Washington y la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, mezclada con las Òperas de París y Manaos (Manaos tiene Ópera: un Colón o Alla Scalla de Milán pero en medio de la selva tropical: cosas de los mercaderes brasileños del caucho...)

Mnemosine dijo...

La verdad, temo que una posible conversación entre nos acabe con mis reservas de saliva, la paciencia ("jobesca" o, mejor, "joverta" que me caracteriza :D).

Tal vez visite Buenos Aires cuando acaben de construir ese maravilloso rascacielos que algún "lunático" ha imaginado.

¡Y que viva la indepencia y el martini!

Alfredo dijo...

No necesariamente, don Mnemosine: suelo escribir mucho más largo de lo que hablo ;-). Pero hablo bastante, de todos modos. Si piensa visitar Buenos Aires Portuarian City a fin de agotar sus existencias de saliva le aconsejaría se dé prisa, pues en cualquier momento se puede producir mi temido regreso a Mar del Plata Atlantic City a fin de preservar en lo posible el remanente de mi salud mental. A cierta edad las otrora ventajas de la gran capital (imagínese un sitio donde entre ocho y doce millones de tipos histéricos transitan a diario...) pasan a ser decididamente innecesarios problemas: ya estamos graduados, nos hemos peleado con todos los parientes y amigos indeseables, los que son buena gente han emigrado o se han muerto, hemos fracasado sentimentalmente con las más hermosas mujeres porteñas y extranjeras, hemos abucheado a futbolistas carentes de reales habilidades, saqueado librerías y disquerías de segunda mano, conocido muchas personas acaudaladas y hasta cultísimas, pero sin embargo continuamos deseando matar a todos los políticos de América del Sur, incluso a cuantos ya han fallecido, y nos mantenemos en la relativa pobreza. Es más edificante tomar mate y comer pescaditos fritos con actitud satisfecha junto al legítimo Océano Atlántico, con la esperanza de ver pasar alguna noche al Holandés Errante...

Nunca entendí cómo a alguien le puede gustar el martini. Supongo será para comerse la aceituna ;-).

Salúdole con distinguida consideración, etcetera.

Mnemosine dijo...

Tengo para usted, roshi, una muestra del ingenio de Novalis (junto a una posible reminiscencia) que ampara mi estulticia. Hay posibilidades de que transite por el océano camino del frío (o calor, vaya Vd a saber) en un tiempo mínimo de cuatro meses y un máximo de siete meses. Si aguanta, el pescadito frito se lo acepto y el mate me lo pienso mientras me tomo un blanco porteño.

Espere paciente, ¡je!

Alfredo dijo...

No hay blanco porteño (de hecho, las mejores porteñas son morochas ;-)); el vinacho pendenciero viene de Cuyo, de La Yioja o de Salta (cuando no se importan los asimismo excelentes caldos de Shiiile Transandinian Country). Acá en el centro-este tenemos por ejemplo cañas de naranja, limoncellos, cervezas y otras bebidas espirituosas menores, como la caña de durazno.

En cuanto al mate, la Bebida Sagrada que nos suministra nuestras proverbiales Fuerza y Superioridad Moral, como la poción mágica de Panorámix a los galos de la aldea de Astérix, no tema, que hay dos variantes, a saber: dulce, esto es, con azúcar, y 'cimarrón', esto es, amargo, a ilex paraguarensis pelada, sólo para los valientes de parénquima resistente.

Yo iba a transitar el Océano camino del frío en el 2004, y camino del calor en este 2006, y me tuve que gastar la guita en menesteres más urgentes. Espero no le suceda otro tanto. La ventaja del sentido inverso que Ud. debe transitar es que un euro compra lo que tres pesos con setenta y pico, así que su estancia le resultará barata. He tenido anécdotas graciosísimas al tener que explicar a peninsulares viajeros que, acostumbrados a las cortas distancias interiores de las Uropas intentaban corretear los caminos bonaerenses sin rumbo cual aventureros gitanos itinerantes, que la Provincia de Buenos Aires es extensa como toda España y que hay veintitrés sucursales más, de las que ellos sólo llevaban vista la Ciudad Capital Federal (no se me asuste cuando la vea desde el aire). Así que ármese de paciencia, que somos largos y anchos estilo la madre Rusia ;-) (los referidos preguntaban inocentemente, a la altura de Mar del Plata o Bahía, si la frontera internacional estaba cerca...).

Sin otro particular, despídome, con los mejores recuerdos para Herr Von Hardenberg: los Himnos a la Noche recuerdo estaban bastante bien...

Mnemosine dijo...

Parece mentira que desconfie de mi proverbial absurdo metafisico de querer saberlo todo y mas desde que laburo con un vasco-argentino que me explica con paciencia decimononica las distancias y problemas que plantea un viaje de dichas caracteristicas.

Dado que yo ando deprisa no se preocupe por mis posibles despistes, solucionables con un arduo juego taximetro en mano.

Cuidese

Alfredo dijo...

Cuídome. ¿Conque ha dado en laburar en compañía de un miembro de la filial rioplatense del Athletic Bilbao, o del equipo de fútbol de los administrativos de la Euzko Kultur Etxea de la Avenida Belgrano o los camareros del restaurante del Centro Navarro, vaya uno a saber? ;-)

Formación típicamente bilardista, 1-3-5-2 (admiradores locales del afamado Javier Clemente han reclamado por la injustificable presencia de delanteros, que no se usan más).

Aquieta (un arquero que duerme el balón); Tekulea, Temea, Tepatea (tres zagueros durísimos: antes de entrar al área los delanteros rivales acostumbran exhibir pasaporte y/o despedirse de sus familiares); Rasketa (un lateral tosco), Kagueta (que suele eludir tomar parte en las típicas refriegas del medio campo), Estafeta (el armador del equipo: el esférico pasa permanentemente por sus pies), Vagoneta (volante de andar cansino, hijo de un ferroviario) y Pedorreta (Capitán del once, de frecuentes actitudes antideportivas al dialogar con el referí); Diarrea (hábil y veloz extemo derecho, admirador del Pájaro Caniggia) y Volea (gran ejecutante de tiros libres indirectos).- Me abstengo, por razones de decoro, de enumerar los suplentes y el cuerpo técnico.

[Espero la 'paciencia decimonónica' no se deba a los sufrimientos de viático que el referido señor haya padecido en caso de proceder de una de esas pequeñas localidades rurales a las que todavía hay que acceder a lomo de burro o en galera, como en tiempos del Virreinato ;-)]

Salúdole

principio de incertidumbre dijo...

pasaba a saludar. Hace mucho que no lo hacía.
:(

Un beso grande.

¿no habrá post nuevo??

Alfredo dijo...

Salúdole con distinguida consideración y voy de nuevo, tras el habitual efecto ‘erasure’ del Mozilla Firefox o el Internet Explorer y sus Simpáticos Spywares, oportunamente previstos en las Leyes de Murphy y los Principios de Peter.
:*

Ojalá cada mes fuera capaz de escribir algo nuevo para la bitácora. Pero ocurre que determinados lapsos resultan más propicios que otros para ejercitar la escritura: allá por el 2003/2004 tenía asunto para textos a toda hora. A tal punto que la mayoría de lo que publiqué aquí procede de esos tiempos. Ahora no logro esa suerte de fecundidad literaria, y no es porque entonces estuviera menos ocupado en vivir que ahora. Tal vez haya personas o circunstancias que sacan de nosotros lo mejor que somos capaces de dar.

Tengo escritos sobre asuntos teóricamente aptos para revisión y corrección, sin contar puemas y narraciones que ni ebrio ni dormido metería en el blog, porque no soy Lucas ni tampoco su vocero Zaar (dicho sea de paso, si se decidieran a publicar no les faltarían lectores a ninguno de los dos). A saber: 1. Papá Estado y su posible futuro o reemplazo; 2. Los fotógrafos de guerra del siglo XIX; 3. El cannabis no es una planta decorativa; 4. Teoría del Derecho en versión anarquista; 5. Diferencias entre Matemáticas y Lógica, y por qué los científicos locos no son realmente científicos, por más que los tipos que se han leído diez hojas de Witt y saben resolver el Teorema de Pitágoras crean que sí, y acaso el infame Popper al fin y al cabo tuviera entonces razón y razones; 6. Personas que son, sin saberlo ellas mismas, el Diablo (en ésta ya me han ganado de mano Dolina, Swedenborg, Bierce, Lugones, Papini y algunos autores de la antigüedad europea, árabe y china, así que está totalmente descartada); 7. ‘Científicos’ que venden su alegado saber al mejor postor (asimismo descartada, porque me comería algún juicio de algún perito judicial corrupto o conferencista 'científico' chanta, o algún autopostulado genio de las ciencias exactas y sociales devenido vendedor de baratijas con pretensiones de literato y teórico politólogo al modo del Rafael Hytlodeus de Tomás Moro); 8. ‘Imposibilidad de la política ‘científica’ mientras el ser humano no sea telépata’ (ésta ya sería del Dr. Mabuse o de los Monthy Pitón, o directamente de Les Luthiers). Ninguno me satisface del todo: prefiero contar cosas menos aburridas. Ya lo dijo Marx (Groucho, no el vano charlatán de Tréveris): "Éstas son mis opiniones, señor. Si no le gustan, tengo otras..." :P

En realidad, uno escribe para compartir opiniones u ocurrencias y recibir algo de similar naturaleza a cambio. Con algunas personas se consigue, y con otras no. Lo extraño, o tal vez no tanto, es que las personas capaces de retribuirnos con su ‘ida y vuelta’ andan encerradas en similares círculos de silencio estéril (hay un significativo silencio, el de quien lee y no comenta pero recuerda; tal vez esto tenga algo que ver con frecuentes timbrazos únicos que a veces conmueven el teléfono de mi casa o del Estudio a ciertas horas, y no dan tiempo para atender).

He cumplido: la respuesta resulta casi una entrada propiamente dicha del blog. Saludos al señor de los anteojos sesentistas (al menos no hace como Petinatto, que en tiempos aparecía por Canal 7 con los mismos anteojos oscuros que usaban Blackie y mi abuelita materna ;-))...

lucas dijo...

Gracias :)

Mnemosine dijo...

¡No se amohine roshi! Recuerde que ya Lao Tse Tung dijo que el mejor maestro es aquel que no habla (o fue otro poeta mudo, vaya uno a saber).

Ayer fume en honor de la verdad y palidecí mi higado maltrecho pero me retiraré durante un tiempo a las mazmorras frías de una estantería irreparable

Alfredo dijo...

Lucas: De nada ;-)

Mnemosine: Lao Tse Tung tenía razón. Imaginate si a algún maestro locuaz lo agarraba Ba-Ro-Ja de los tiempos de "El tablado de Arlequín" (ya sabemos que "de la rosa romántica, en la nieve, etcetera"). No problem; Tutankamón se ganó una inmerecida celebridad haciéndose estibar en una mazmorra fría como si fuera el Código de Hammurabi, y ahí lo tiene, dorado y sonriente desde su máscara feliz.