miércoles, marzo 08, 2006

Desmesura de la felicidad y crónica del velorio del Sr. Spock

"......Es duro vivir con miedo, ¿verdad?; eso es lo que significa ser esclavo. He visto cosas que ustedes, gente, no creerían: naves ardiendo más allá del hombro de Orión, rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser... Y todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia." (Versión castellana 'a lo Alfredito' del diálogo final entre Deckard y Roy Batty en "Blade Runner" de Ridley Scott, 1982 - El que habla es Roy)

Hablemos del lapso que va de la nada a la Nada. Perdonen ustedes que me ponga algo heideggeriano o sartreano, yo que detesto a ambos y a sus respectivas mujeres, aunque admiro a existencialistas un poco más serios como serían Camus o Jaspers. Hace poco retomé la costumbre de someter anteproyectos de textos a una suerte de falsación (si lo no científico es susceptible de falsación 'a lo Popper') y pegué una especie de prototipo en cierto foro que sucede -en decadencia rutilante- a uno de los que otrora visitaba asiduamente.

Dejaré para una próxima entrada consideraciones varias acerca de la peligrosidad de quienes simulan el discurso científico para impresionar a sus interlocutores, a las víctimas de sus defraudaciones, a los estudiantes ingenuos y a los ciudadanos-electores. Me concentraré en cambio en la circunstancia de que escaso eco tuvo mi texto en ese ámbito: lo leyeron muchos, pero no respondieron el intríngulis formulado usurpando la personalidad del Replicante, o sea "¿qué es realmente la felicidad para un humano 'occidental' del 2006?"

Ayuno de impresiones ajenas, no ha quedado otro remedio que retocarlo y exponerse al exigente sentido crítico de los comentaristas de esta bitácora. ¡Allá vamos!

El asunto surgió de relacionar el diálogo final de "Blade Runner" y las obsesiones del paranoico Philip Keith Dick con el velorio del Señor Spock. Como leen: casi siempre que escucho música electrónica me fastidia la sobresaturación sensorial que acaba por producir el ambiente que su emisión genera. He imaginado (alucinado) estar en medio del velorio del Sr. Spock, en un descomunal Xanadu construido con cristal, de paredes y cielorraso transparentes e iluminado con lasers de colores, el féretro negro de diseño espacial ocupando el centro del salón principal vacío y dentro de él, yacente, el orejudo de "Star Trek", tan inexpresivo en la muerte como lo fuera en vida, aburrido como la insufrible serie que protagonizaba, haciendo juego con la parodia de música ambiental que satura la atmósfera de la casa velatoria. Mientras, los asistentes a su capilla ardiente (el nombre menos apropiado para las pompas fúnebres de alguien como Spock) nos vamos despedazando sin dolor pero con un residuo de espanto, perdiendo consistencia y conciencia de nosotros mismos, abandonándonos a lo sensorial hasta evaporarnos como espíritus que han partido (copyright los hermanitos Gibb, hacia 1979). Un ambiente tan poco propicio para los maléficos racionalistas que queremos mantener el máximo control de nosotros mismos hasta el momento de la muerte si ello fuera posible, como ideal para aquellos adictos a los efectos atribuidos a ciertas sustancias tóxicas que pueden llevarnos fácilmente a estados alterados tales como la esquizofrenia paranoide si es que tenemos la constancia de consumirlas con la debida frecuencia y cantidad.

Pongamos a mis divagues visionarios acerca de los efectos de Helmholtz y su descendencia musical prudentemente a un lado, y pasemos directamente a los bifes: esa rara imagen me hizo recordar conversaciones de mi pasado con personas interesadas en el destino, la felicidad y el ser en el tiempo. Vayamos donde vayamos, llegaremos a un punto en que no podremos escapar más. Ni del conocimiento de nosotros mismos, ni de ninguna otra cosa, ni de nadie.

Un poco de Historia de la Filosofía ayudaría a ponernos en materia. "Eudaimonía" ('hado propicio', o 'buen hado', o cosa así) llamó Aristóteles al vivir satisfecho consigo mismo al punto de exorbitar los límites de la propia sensación de existencia. Aunque el término cagaste llano "felicidad" (del latín 'felix'--> fértil, fecundo) sea el más aproximado al significado originario, "beatitud" (de 'beo' --> colmado de dicha, de plenitud), "bienaventuranza" o "dicha" también designan la misma noción. Platón usaba otra voz: "makariótes", que no era un stopper del Panathinaikós en tiempos de Perikles sino un término corriente en el griego del Ática, indicativo -dicen los hombres sabios- menos del esfuerzo por comportarse bien que de la coincidencia espontánea de circunstancias con las necesidades del humano para vivir bien.

Un instante aislado de felicidad de un ser humano no lo convierte en "feliz". Terrícolas consultados en mi busca permanente de la empatía afirman que les resulta necesario ligar en su mente plenitud y conformidad con una serie de conductas propias adoptadas de manera voluntaria: la virtud y el esfuerzo. Pero otros afirman que la felicidad consiste en aislados instantes de dicha, unidos por la memoria. Confieso sentirme mucho más cerca de los primeros, que se atreven a construir una Felicidad acaso ilusoria, una esperanza, que de los segundos, que se deciden derrotados por el tiempo de antemano.

Siguiendo con los grandes filósofos griegos, Epicuro, ese señor de quien tantas cosas estupendas tuve que decir en esta misma bitácora, aquí y en algún otro lugar, pretendía formular el camino correcto, recopilado en el 'tetrafármaton': "No debe temerse al dios; la muerte está exenta de riesgos; el bien es fácil de adquirir; el mal, fácilmente soportable con el coraje" (Filodemo, De dis, I, 12). Y proponía encontrar la felicidad personal en el placer natural y necesario: "... ni banquetes ni orgías constantes... engendran una vida feliz, sino un cálculo prudente que investigue las causas de toda elección y rechazo", se lee en uno de sus escritos. Pero siempre han quedado rondando estos interrogantes: ¿por qué lo que para unos resulta un placer, un caso de prosperidad, un avance en la dicha, para otros puede resultar desagradable? ¿Se puede ser feliz entre infelices? ¿Se puede ser feliz sabiendo que se condena a otros a lo que consideran infelicidad?

Los estoicos, por su parte, mucho más conscientes -me temo- de eso tan llevado y traído de que "los recursos son escasos y las voluntades de difícil o nula susceptibilidad de cálculo" (la sal de las ciencias sociales como el Derecho y la Economía), pretendían bajar de las nubes y formar hombres prudentes desde el aprendizaje de la experiencia social, porque la toma de decisiones no depende exclusivamente del sujeto agente: hay acción de otros y circunstancias de hecho que pueden estar fuera de su alcance dominar. El estoico intentaba ser feliz a partir del dominio de lo racional para controlar emociones y conducirse conforme a una apropiada interacción con los demás y el medio que no debe confundirse mañosamente con la resignación.

El esquema estoico fue retomado en el Renacimiento y en la Ilustración. En particular Kant (si lo sabremos los que tenemos formación de ave negra) fue propicio a la adquisición de fortaleza moral para minimizar la dependencia de factores no racionales ni voluntarios en la acción humana. Un autodominio creativo, decía, permite modificar la realidad para acentuar las posibilidades de sentirse feliz, conforme con los medios empleados para ser quien se pretende ser. Así, según esta concepción, el ser humano libra una lucha permanente contra sus pasiones y contra las limitaciones sociales y naturales.

Quodlibetum para deleite de individuos e individuas (© cierto político leonés y la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que imita contra la lógica de la lengua castellana algunos absurdos 'tics' léxicos de determinadas corrientes ideológicas peninsulares) como Mnemosine, Ignis y El Curioso Lector; la felicidad a la antigua usanza española, y olé: tomo 19 de la "Enciclopedia Moderna" de Mellado, Madrid, 1852.

Hay quienes saben encontrar el encanto de lo fugaz y conciben la felicidad como una serie de momentos concretos, pero no aciertan a comprender que éstos les pertenecen en exclusiva. Cuando narran su felicidad pasada al partícipe de su presente no lo están incluyendo en ella: el tiempo y la Física lo impiden, y sólo le llega un relato, unas palabras que reflejan apenas un débil eco de lo disfrutado en un instante. El arte de muchos narradores y poetas consiste en ser capaces de hacer evocar a otros humanos su mejor pasado a propósito de unas situaciones distantes y sentir que participan de una sensación ajena.

Algunos, a partir de cierto instante de la vida, tiran la toalla, se rinden, se limitan a durar, sabiendo que la marcha atrás es históricamente imposible pero sería hermoso bañarse otra vez el mismo río acompañado de sus afectos, afectos que, mientras luchan por hacer con ingenio e intrepidez aventureras que el camino de regreso a Itaca-la Nada sea largo, son reliquias de instantes de felicidad que no son, empero la Felicidad, pero pueden ser la única que esas personas hayan tenido. Signos de pasadas dichas, bienaventuranzas y beatitudes que acompañen a Ulises hasta que Argos reconozca entre muchedumbre de vagamundos a su amo y Penélope se entere de que puede dejar de fingir, que los superhéroes de la Red disfrazados de desconcertados mortales lo perdonamos todo, hasta el injusto paso del tiempo. No pueden perdonarse el olvido: también ellos saben que, con mayor o menor grado de probabilidad y posibilidad, en otra voluta de las curvas espaciotemporales una ocasión amnistiada pero latente volverá a parecer propicia y entonces, antes que la diosa calva se aleje de nuestro alcance, hay que asirla fuertemente por el escurridizo mechón.

No siempre se es quien uno quiere ser. Circunstancialmente se resulta estar siendo otro, el complementario, el que necesita que uno impida que el olvido lo aniquile. De manera que, aun siendo óptimo el tener en claro quiénes somos o preferimos ser, no está mal que nos presten otros ojos y otra piel por un ratito. Saber cómo mira el comisario Deckard desde su óptica humana es buena medida para dejar de ser replicante.

¿Qué nos hace más humanos al final del día? ¿Nuestra personal manera de buscar la plenitud (a lo Séneca) o los instantes de dicha aislados del contexto (a lo Epicuro)?

Salud y memoria emotiva (el elixir de la Eternidad, los qualia, o algo así).


___________________

Un apunte necesario, fuera de tema:

Al pie de mi post "Olvido", del 6 de diciembre de 2005, GUSTAVO me ha puesto un comentario que acaso convenga repasen. En él encontrarán algo sobre Moyano que les puede interesar.

34 comentarios:

Mnemosine dijo...

A la cuarta línea descubro el primer error... será son no ser, digo yo, ¡eh!

Sin acritud, apenas me ha molestado que me recuerde los libros que no he leído.

Mnemosine dijo...

Séneca siempre me cayó bastante mal por razones de afinidad que no viene al caso comentar. El problema de la cuestión es que si respondemos sabríamos quienes somos y lo que queremos (en mi caso algo intangible a todas luces).

De todas formas, de las múltiples teorías sobre Deckard me quedo siempre con aquella que aseguraba que él era también un replicante. No sé si me explico.

Si consiguió entender a Kant, ¡oh roshi!, está muy por encima del simple mortal que esto escribe. Siempre lo mastico pero como terco rumiante acabo expulsándolo para una próxima digestión más amable. Me sorprende que coincidamos en un tema que lleva varios meses rondándome la cabeza pero que no encuentro el arranque necesario (es decir, un poema árabe)

Nos leemos

Alfredo dijo...

No hay remedio para esto: ser o no ser... Mi abuelo paterno, corrector de estilo y natural de Monforte de Lemos, Lugo, Spain, falleció años ha, pero siempre hay quienes toman el relevo, como ser el recordado Cloud o Mnemósine ;-). Me aparece la razonable duda siguiente: don Albert Camus y don Karl Jaspers ya no son. Ojalá todavía fueran: muchas personas que los hemos leído seríamos muy felices si pudiéramos plantearles por carta críticas a algunas parcelas de sus escritos, a ver qué nos contestarían los referidos maestros. No siendo ya, debemos acudir a la exégesis y otras desmesuras para imitar la felicidad del lector a quien uno de sus autores admirados le ha dedicado un autógrafo o un correo electrónico.

A mí Séneca Lvcivs Ænneus me parece uno de esos monumentos aldocente políticamente correcto, hasta en eso de tener que suicidarse pòr orden de los poderes públicos :-). Venía a ser una especie de Deckard caído en desgracia... Lo que sí me importa es la consecuencia social del comprender que el disfrute personal implica una responsabilidad. En tiempos ya más recientes, la de hacer algo para que otros puedan ser más o menos iguales en derecho u oportunidades a nosotros.

Siempre he sospechado de Deckard. Es más, creo que también Maxwell Smart era un robot, y acaso el humano fuera Jaime. Habría que preguntar a la 99 o consultar los archivos de la Organización KAOS, que yacen ocultos en la Patagonia (herederos de Ludwig Siegfried GmbH).

Manolito el prusiano de origen escocés es, nunca supe por qué, una presencia viva para mí. Acaso por cierto tinte remotamente neopositivista de muchos individuos que intentaron enseñarme
algo en cierta tierna edad, que me hicieron feliz compartiendo conmigo lo que sabían o creían haber aprendido. Había un alemán, tras la dantesca experiencia hegeliana y las pullas de Arturito Schopenhauer y otros, que durante el siglo XIX se la pasaba como Catón el Censor, diciendo: «Y creo que además tenemos que volver a leer a Kant», viniera o no a cuento. No recuerdo el nombre de este tipo, pero opino lo mismo: Kant es como el blues según Clapton; una batería de donde carga energía el rock'n'roll cuando se empieza a repetir como los samplers de la música electrónica. No es el único que deberíamos releer.

Alguno de estos párrafos también proceden de comentarios míos en tu bitácora: salieron bastante bien, y creo que en parte volví a ocuparme de este tema. Algunos somos incontientes verbales en mayor grado que otros.

Hasta pronto.

Soledad dijo...

"El problema de la cuestión es que si respondemos sabríamos quienes somos y lo que queremos" dice Mnemosine.
No esperes muchas respuestas, alfred. Los estoicos pueden tener razón pero el epicureísmo es una anestesia contra el cagazo que funciona fenómeno.
Algunos no sabemos y otros se escapan de lo significativo: personas, mascotas, viajes o premios de la quiniela. Le tienen miedo a sentirse felices. He dicho. Sírvase un lemoncello y otro para mí
:P
Sole

Soledad dijo...

Releo y añado... la 99, no sería ella también un robot?
:P

Alfredo dijo...

Por ahí parece ir la cosa, Sole. Fromm habló del miedo a la libertad, y se quedó corto. Me parece que los que temen a la felicidad que trascienda unos momentos sueltos es porque no se han planteado seriamente la igualdad de derechos entre las personas. Por ahí, creerán que sus amigos, parejas, vecinos, mascotas e ídolos deportivos no merecen la menor consideración fuera de la utilidad a lo Jeremías Bentham (un inglés simplista e hipócrita como sólo un abogado pirata puede serlo). Y ojo, que este tipo de mentalidades utilitaristas-reduccionistas están de moda: son "lo que se usa en Europa"... Y por imitación en "modo chimpancé", lo que se usa en ciertos sectores de la sociedad argentina, sin darse cuenta de que los descartables somos nosotros, etcetera.

En cuanto a la 99, su hipótesis es un refinamiento barroco propio de una persona que gusta de aburrir a los demás exponiendo teoremas. Pero puede ser verdad: recuerde que la chica de Deckard era replicante y ni ella misma lo sabía, porque le habían instalado recuerdos infantiles falsos... Rizar el rizo, le decía a esto una persona de mi conocimiento, doy fe.

Otrosí digo: el término correcto es "limoncello", no "lemoncello" como usted permanentemente escribe y me hace escribir a mí por contagio. O hablamos en inglés o hablamos en italiano ;-)

Soledad dijo...

Mirá, yo escribo como hablo, porque en castellano las palabras se escriben tal como suenan :P :P :P
Lemoncello o muerte! el escabio derramado no será negociado.
y sea feliz
(aguante la 99!)

Alfredo dijo...

Al redactar el comentario estaba usted en su habitual estado de ebriedad :-)

A ver si alguno se anima a contestar, porque todos se andan por las ramas. Se supone que hasta lo obvio debe cuestionarse, sólo para estar seguros de que es correcto que estemos tan seguros de lo que estamos seguros. Quien bien se dessegurice y reasegurice, buen asegurador será... Todos andan lo más panchos, escudados en la docta ignorancia.
Mostrèmoslo de este otro modo: si me pasa algo bueno de vez en cuando, y sonrío, ¿soy más feliz que si descubro una manera de ponerme seguido en situación de sentirme feliz? Ese vendría a ser el problema que empieza a despejar el enigma.

Ignis fatuus dijo...

Está claro que todos podemos serlo con cualquiera de las circunstancias con las que juguemos. Incluso podemos provocarnos ese estado en situaciones en las que el más común de los mortales barajara el tiro a la sien como una más de las opciones. El caso es que somos limitados y quizá, no aprendimos del todo a vivir. (Y quien sí que tire la primera piedra o que me llame y me lo cuente).
Sin embargo yo haría una diferencia entre la satisfacción personal (o lo que yo llamo de ese modo) y la felicidad.
Quizá esos hechos arbitrarios, producto del azar, que vienen a alegrarnos el día se planten sobre nuestra satisfacción personal (cimentada sobre otros pilares más constantes, ese modus operandi personal y la manera que tengamos de trabajar con todo lo que hacemos y lo que llevamos dentro) y nos lleven a decir que en ese momento vital "uno se siente feliz".
Hay extremos, sin embargo, para mí. Creo que la felicidad más "inteligente" o racional, a la que haces mención, es duradera y podría encuadrarse en lo que yo llamo "satisfacción personal". Esa que te hace que no te roben la sonrisa, que te guste mirarte en el espejo o que puedas dormir por las noches recordando tus actos del día anterior...
La Felicidad para mí (nótense las mayúsculas) es trascender a ese estado de "felicidad duradera" o trabajada en el tiempo. Todos los factores anteriores encajan perfectamente en un cuadro que te gusta contemplar. El mundo hace "click" y no hay nada lo suficientemente oscuro, o brumoso, que te aleje de esa sensación de plenitud, de paz, de sosiego.
Yo creo en los extremos. De vez en cuando. Y en cuanto a sensaciones fuertes, ya se sabe, aunque pueden volver, repetirse, trabajarse, propiciarse... son efímeras.
Cuestión de conjugar todo eso. Esas biblias de mano de razón, corazón y sonrisa mantenida en el pecho que te lleve a toparte, de cuando en cuando, con una cuesta (en sentido ascendente).
Y en realidad quejarse es la mejor manera de automutilarte en esa búsqueda, y en esa consecución (o consecuciones sucesivas en el tiempo).
Y aquí, para introducir alguna cita en el mundo de referencias "alfrediano" ;-) me quedo con Richard Bach, que muy acertadamente nos espetó "justifica tus limitaciones y ciertamente las tendrás".
Algo que, realmente, se puede extrapolar a todos los campos...
Besitos,

Alfredo dijo...

El caso es 1º) (Mnemosine dixit) que “...si respondemos sabríamos quienes somos y lo que queremos...”, 2º) (Sole dixit) que “...los estoicos pueden tener razón pero el epicureísmo es una anestesia contra el cagazo que funciona fenómeno...” y 3º (Ignis dixit) que aún “...no aprendimos del todo a vivir”.
Como diría cierto ex Presidente de la República meramente Argentina, “estamos mal pero vamos bien”. Es decir, para el caso, vamos camino de entendernos. Es válida, me parece, la distinción entre satisfacción personal y felicidad.
La Felicidad (bien por las mayúsculas) es trascender a esos estados y sorprenderse desmesurado, desbordado, pleno de dicha, como quería Aristóteles (para una vez que este pajarón macedonio, a quien con justicia odiaba el Lord socialista Bertrand Russell, tenía razón, hay que aprovechar su idea: la otra vez fue cuando dejó dicho que la esclavitud finalizaría ‘cuando las lanzaderas funcionaran solas’, cosa que ocurrió en los siglos XVIII y XIX de nuestra era). Pero tales emociones fuertes son, en efecto, efímeras y únicas. Lo malo no es sentir nostalgia inútil por ellas, sino huir de su producción. Así, por ejemplo, recuerdo haber husmeado en un foro uno de cuyos participantes navegaba con esta ominosa firma, a saber: “Dejo siempre un poco de todo. Lo practico especialmente en las relaciones humanas: las abandono mientras son buenas y antes de que sean previsibles, o peor aún: significativas. Olvido algunas cosas para proteger el recuerdo. No es esta una filosofía terrible ni de cobardes, sino de supervivientes.” Me quedo con la desmesura: ese tipo jamás sería amigo mío. Por cagón, en primer lugar, y por despreciar al resto del género humano, en segundo orden de méritos. Esa supervivencia parece más propia de un replicante que de una persona.
Yo más bien huyo de los extremos. Pero es inevitable que algunas veces nos alcancen. No pocas veces he sido muy feliz gracias a esas sorprendentes incursiones no queridas, no buscadas, en la desmesura.
Ya que me has puesto en un atopadoiro (que es el nome galego de lo que en cagaste llano denominamos ‘buscador’) ;-)
Cada ún vai arando en sí tódolos días
para atopar só unha terra cativa.
sabemos que en nós nace o amor
e non facemos ren por percuralo.
E imos vivindo sin escoitarnos,
sin afondar na alma,
sin saber que pasamos cinlleiros,
sin ser naide...”

Esta cita es del poeta Manuel María, menos conocido de lo que se merece por derecho propio ('por prepotencia de trabajo', hubiera dicho nuestro Roberto Arlt).
Bico

el flaquito dijo...

Me da un poco de verguenza ponerme a opinar entre gente tan erudita y despuess de tantas citas y autores de los que apenas he leido el 0.5 %.
A pesar de ello opinare de puro caradura.
Me pregunto: Como se puede determinar modos, formas o tipos de felicidad, cuando somos incapaces de dicernir con certeza "que catzo es la felicidad"?
Se me ocurre que normalmente confundimos la felicidad con "estar circunstancialmente contentos por algo". Pruebas al canto:
Mi nieta de 8 añoss sale de la escuela y me dice "hoy estoy feliz, me saque un SO"; transcurrida 1 hora esta llorando por que no le sale la tarea; a los 15 minutos rie por que el abuelo le ayudo y puede ir tranquilamennte a mirar Caartoon Networds (o como se llame). De la misma forma es feliz quien obtiene un ascenso, el hincha de futbol cuando grita un gol,, el estudiante cuando logra desifrar a Kant o al menos "sacarlo con un 4".
Desconozco un estado de feliciidad constante y consecuentemente aburrido. La felicidad es solo la antitesis de la tristeza. Una sin la otra no existen, de la misma manera que el calor y el frio. Cual sera entonces la etapa superadora? simplemennte seguir viviendo y buscando...que cosa? jeje...la felicidad....esa misma que cremos encontrar 1000 veces y la perdemos otras tantas y que por lo tanto añoramos de manera constante. En el fondo todo se reduce a la añoranza de un estado o un momento en el que sentimos que teniamos nuestro lugar en el mundo.

Disculpen la falta de "citas", se que Popper enviaria la teoria al tacho de la basura o a la "papelera de reciclaje"...pero al menos es mia che

Alfredo dijo...

Pero don Cofla: ¡la felicidad constante no es aburrida!... Según me enseñó mi papá cuando yo era un alevín de cuervito marplatense, y he verificado a lo largo de cuatro largas décadas, resulta imposible aburrirse de la paternidad sobre la Sociedad de Fomento o los Malolientes de la Ribera... (no pongo de ejemplo al Lobo y el Pincha en tu homenaje porque un amigo mío, ciento veinte kilos de peso y algo fanático del fóbal, es de Estudiantes y no sé cómo lo tomaría...;-) )

No se disculpe usted por la falta de citas. Sólo jugamos con lo que dijeron otros, a ver si convencemos a los que nos leen de que somos unos eructitos, digo eruditos: por ahí nos lee un erudito de verdad y le damos pena. Lo que realmente interesa es el razonamiento de cada cual a la luz de su experiencia acerca de cómo se es verdaderamente feliz, o más feliz: si disfrutando las alegrías que nos trae el viento, que no está mal, o poniéndonos en situación de que nos las traiga seguido (supuesto el caso que eso se pudiera hacer, que muchos lo ponen en duda).

Un abrazo, y gracias por el comentario.

Mnemosine dijo...

Si, realmente me da pena, "sed viciuos amico Platoon" (¿era así? :D).

Yo, para romper la discución aseguro sin ningún falso pudor que sólo un día de mi vida vislumbre la felicidad. El resto pueden considerarse días alegres y otros menos malos.

(P.D.: me permito este extraño lugar para mandarle un abrazote enorme a mi querida y extrañada (sic) Sole)

Mnemosine dijo...

(Ya que hice el comentario número trece, añado que pergeño un pequeño texto sobre la felicidad... yo que la conozco tan bien)

Alfredo dijo...

Vea usted: yo ando preguntando porque me duró un tiempo más que un día y estoy buscando la receta para repetirla. Temo que el flaquito haya acertado con la fórmula: "Cual sera entonces la etapa superadora? simplemennte seguir viviendo y buscando...que cosa? jeje...la felicidad....esa misma que cremos encontrar 1000 veces y la perdemos otras tantas y que por lo tanto añoramos de manera constante. En el fondo todo se reduce a la añoranza de un estado o un momento en el que sentimos que teniamos nuestro lugar en el mundo."
Los filósofos patagónicos son de lo mejor, porque el clima imperante en la meseta les permite lucir siempre la mente fría (chiste, chiste :-) )
Nos leemos.

principio de incertidumbre dijo...

Sólo paso a saludar y dar señales de que soy lectora de este blog.

Eso nomás.

(sí, hay gente superficial, che ;) )

Alfredo dijo...

Oh, princesa: ¡salúdola! ¡Cuánto tiempo!
Para usted, siempre curiosa de los buenos escritores, y para el sabio Mnemosine también, nótese que al margen de esta bitácora, en el 'Revuelto Gramajo', he incluido un par de enlaces acerca de Joseph Roth, autor de lengua alemana que puede -relatando asuntos melancólicos o directamente amargos - acercarnos una sombra de felicidad. El pobre tipo, se pasó la existencia vagamundeando, según la especie de neologismo que he perpetrado en este post. De Roth es "Jefe de estación Fallmerayer", notable historia de amor, que si yo fuera Ridley Scott o Akira Kurosawa no me perdería la oportunidad de filmar.

Semos superficiales, pero al menos no pretendemos posar de sabios. Apenas si pasar por eructitos ;-)...

lucas dijo...

El pobre hombre en todo hombre, como diría Schopenhauer, el pobre diablo que llora, se acobarda y se atonta en todos nosotros, el pobre diablo improgresable que no será reducido nunca a un cuantum disimulable por los supuestos progresos de la inteligencia, se moría en el envase glorioso de un Schopenhauer o un Goethe; había durado tanto como ellos, había sido el dueño de casa en ellos y tenía la última palabra: pedía luz, aplausos, cualquier cosa. Pedía para sí, para Schopenhauer, para Goethe: pedía, mendigaba. Una madre, un padre como hay tantos que no han escrito, que no han inventado nada más que el altruísmo y la modestia, pediría para su hijo, para su esposo, porque hay humanos sin pobre diablo.
En el pedir para sí y en el obrar para sí intelectual o muscularmente, no hay ética ni estética. Sólo el altruísmo es ética y belleza
.Y es felicidad


Macedonio Fernandez



Yo no llego a erutito (creo que es así como lo decía mingo), pero esto de Macedonio viene a explicar lo que yo quería decir del tema, que no es mucho ni interesante.
Esperopoder molestar más adelante con alguna ocurrencia.
Saludos

pegatina dijo...

Vengo a este espacio guiada por mi amigo Flaco y tímidamente me atrevo a comntar.

"¿qué es realmente la felicidad para un humano 'occidental' del 2006?"
pues para mí, la felicidad no existe, es un estado placentero que encuentro en la búsqueda del equilibrio conmigo misma; es una satisfacción circunstancial, un acomodo.
Volveré a leer otros post, me parece interesante.
Saludos.

Alfredo dijo...

Lucas: Como muchos economistas o abogados sin vocación, Macedonio estaba altamente dotado para la comprensión de ciertas sutilezas filosóficas (y aun científicas) que debieran venirnos por boca de esos tipos que andan por ahí queriendo materializar en laboratorios la broma de Jonathan Swift y Horacio Fontova: la pisnafta y el cacakerosene ;-) (con las crisis energéticas, los científicos y políticos anche charlatanes periodísticos a sueldo de las transnacionales aguzan el ingenio, y hasta acabarán por sacar combustible de la mierda, sin aprender -cosa que sí haría un plomero- la sencillez de la verdadera estética: ya lo avisó alguna vez el Doctor Alberto Unapiedra, científico alemán que compartía con Macedonio el uso del peine de un solo palito para partir al medio sendas cabelleras 'a lo bardo Panoramix', y Benedetto Croce también). Repasá esto: Una madre, un padre como hay tantos que no han escrito, que no han inventado nada más que el altruísmo y la modestia, pediría para su hijo, para su esposo, porque hay humanos sin pobre diablo. Ese tener la última palabra, o saber cederla, se aprende en los Tribunales de Injusticia, pero sólo si uno no ha nacido para jurista o síndico liquidador... Don Fernández, hombre de escritura oscura, me temo la tenía clara (empero, era Doctor en Derecho y Ciencias Sociales: para demostrar su disgusto había presentado tesis en la UBA hacia 1898 y se la aprobaron, acaso porque siguieron el irónico razonamiento que alguna vez le leí a un poeta español cuyo padre era asimismo Doctor en Derecho y registrador de la propiedad inmueble pero lo que mejor se le daba era recopilar folklore: "a este tipo no le entendemos nada: ¡debe ser inteligentísimo!..." ;-)).

Imagínese un volante de publicidad de servicios profesionales concebido 'a lo Macedonio':

"Estudio «E=m.c2»
Dr. Alberto Una Piedra
Relativamente Erutito en Física Teórica
Se arreglan llaves térmicas y tableros de tapones
Elevo su masa al cuadrado de la velocidad de la luz y así equivale a su energía
Precios relativamente populares"»


O algo así... XD


Pegatina: Hola. Si es un estado placentero, algo que sentimos, entonces debe existir ;-)

lucas dijo...

Creo recordar que don Macedonio decía que Einstein era en realidad dos piedras, la de su nombre y la que le tiró a la Física de Newton...repito que creo recordar.
Yo tengo pendiente "Mis gloriosos hermanos" del cascotero Alemán.

Alfredo dijo...

Respóndole empleando el 'modo urgente para postear directamente desde el correo electrónico', así que espero funcione.
En efecto, eso también lo dijo Macedonio, tras destacar lo irrespetuosos que son los teutones para bautizar sabios. En el mismo libro atribuye a Unamuno la invención del Paréntesis de Un Solo Palito (signo ortográfico caro a los escritores 'disgresivos', o 'digresivos', que lo mismo da si lo escribimos como el DRAE o como Borges, gente de pluma como el mismo Macedonio). Y dedica a un colega jurista metido por gracia de un gobierno de facto a Decano de una Facultad de Agronomía el memorable "El Zapallo que se hizo Cosmos", pieza que mucho me recuerda un caso opuesto, el de un Ingeniero que Perdió la Gracia de la Ingeniería y se hacía pasar por economista genial y liberal. Mi chanchito alcancía (lo conservo desde 1971, y es muy útil para guardar el vuelto en monedas ;-)) ha sido bautizado igual que dicho ingeniero, en razón de su parecido físico con él ...
Buen finde

principio de incertidumbre dijo...

Me gustaron mucho estos comentarios (aunque yo no aporte nada más que el placer de leerlos y que sólo me beneficia a mí).

Alfredo dijo...

Oh, no se haga usted problema: muchos estamos optando por el otrora desprestigioso "modo lurker". A veces, con leer y disfrutar, es suficiente participación. Luego sobreviene el impulso de ser feliz compartiendo un parecer, y sin querer uno se ha metido en un simpático corrillo de bitacoreros y lectores en procura de la resolución de intrincadas aporías.
Salúdola ceremoniosamente, oh machi ;-)

Turca dijo...

Me traduce Sir. Alfred please: 'Hominis beatitudo in vero virtutis ejercitio consitit.'
Gracias.

Bésole.

Alfredo dijo...

Los que realmente saben Latín y Griego son unos ciberamigos que creo ni siquiera leen esta bitácora, pero esa locución latina indica algo así como la sospecha - disfrazada de enunciado categórico, como casi siempre que no estamos seguros de lo que andamos diciendo - de que "la felicidad (o dicha, o plenitud) del hombre consiste en el verdadero ejercicio de la virtud".
Si así no fuera exactamente, disculpe: nací en el barrio porteño de Constitución, pero las autoridades, alertadas acerca de mi peligrosidad social y teniendo en mira la proximidad de Batán a la Perla del Atlántico, me deportaron inmediatamente a Mar del Plata Atlantic City, de donde tardé unos años en regresar. Así que lo que yo conozco es básicamente el Latín del Interior... ;-)

... nada para decir dijo...

guau, que comentarios extensos, yo sigo aca, con los mios, chiquitos y sin nada muy interesante por decir, yo creo que la respuesta a muchas preguntas, es la sonrisa, aun la que se dibuja sin esbozarse.

Un abrazo-

Alfredo dijo...

:-)
De un diccionario de la blogosfera:
«"Felicidad": f. Dícese, entre otras acepciones, del estado de ánimo que sucede y se manifiesta en el rostro de algunas personas cuando 'nada para decir', silenciosa y elegante como de costumbre, sonríe, calla y nos regala unos malabarismos con antorchas, o unas pocas palabras cuidadosamente seleccionadas.»

Abrazo recibido, y devuelto con otro tanto de su valor...

principio de incertidumbre dijo...

Que no decaiga.


Este post es re popular, como don Alfred (en latín, del pueblo, ;)).


Vamos por más...



(aunque seamos breves).



A ver, mi felicidad es cuando tengo plata para invitar helado de dulce de leche granizado.

Ej.

Alfredo dijo...

Buen gusto el suyo para los helados. Yo tengo un amigo medio cajetilla que siempre da la nota en oportunidad de celebrarse alguna comilona de fin de año con posteror visita a heladerías artesanales: le he visto solicitar engendros tales como 'higo de Esmirna al chocolate blanco', 'menta aromática', 'banana split de luxe' o 'crema del cielo al rum'. Uno le soporta e incentiva esa onda 'nuevo rico' porque efectivamente lo es, y así halagado su ego paga la ronda entera de cremas heladas. Pero los sabores del rioba son lo más: en la gloriosa Mar del Plata Atlantic City usted puede, en ciertos locales de los alrededores del Boulevard Marítimo, a su regreso de locales marisqueros de la zona comercial del puerto cercana a la usina, de donde parte nuestra poderosa flota naranja, ingerir con felicidad el no menos glorioso "Súper Dulce de Leche". El Alka-Seltzer o Uvasal puede conseguirlo luego, con una sonrisa de digestión trabajosa, en cualquier Farmacia de los alrededores (mire cómo le doy ideas para cuando se haya graduado: la gracia estaría en que el precio del granizado compense la inversión de invitarlo, y el 'mark-up' de las sales digestivas sea suficiente como para salir gananciosa del envite).
A todo esto, una de mis primas era feliz, en la infancia, cuando le convidaban helado de pistacho.
Salúdole
P.D.: ¡A dónde ha ido a parar este hilo de comentarios! ;-)

Zaaar dijo...

Cómo va, señor. Qué envío el suyo. Si hay que elegir, me pongo la camiseta del segundo equipo, el de los "aislados instantes de dicha unidos por la memoria". Desconfío de la conformidad y la plenitud (de sentirme así, quiero decir). Locuras que uno tiene.
Un abrazo
Zaaar

Alfredo dijo...

Desconfíe, como el finado Carpo. Está bien: nunca hay que conformarse. Mejor, repetir.
Ahora, mejor, me voy... ;-)

Soledad dijo...

Mi chanchito alcancía (lo conservo desde 1971, y es muy útil para guardar el vuelto en monedas ;-)) ha sido bautizado igual que dicho ingeniero,

Alvarito viejo y peludo! (el chanchito alcancía y no el polìtico homenajeado) Ya es otoño y usted dijo que tiene lemoncello. Vio que por la mañana está empezando a hacer frío? :P
S., the Queen of the pubs

Alfredo dijo...

Mire, Queen Of The Pubs (Little Queen Of Spades, a lo Robert Johnson, le quedaría mejor), seré breve: a $3,50 el vaso de limoncello, con 'i'.
Salúdola despectivamente.