martes, diciembre 06, 2005

Olvido

"...dum loquimur, fugerit invida aetas: carpe diem, quam minimum credula postero." --> (...mientras hablamos, huye el envidioso tiempo: goza el día, y no creas en lo más mínimo en el porvenir.)
Quinto Horacio Flaco, Odas, I, 11, 7-8


Pongo esta famosa cita del poeta latino por dos razones. La segunda es que mi amiga Sweepy, del pago de La Matanza (¿dónde estarás?), decía respecto del uso de su tiempo, con menos pretensiones de universalidad a partir de lo personal que Horacio (que se ve no habría estudiado mucha Lógica), algo más simple, generoso, veraz, exacto y libertario: "haré lo que quiera; igual hablarán mal de mí". La primera razón es de índole más gregaria: la necesidad de mantener la memoria y la curiosidad en perfecto estado de alerta, para saber quiénes somos y para no caer en la tentación de hacernos otros que no nos conviene ser y acaso hayamos sido. Y para proyectar el futuro teniendo en cuenta a los demás, ausentes y presentes, que la escasez de recursos y la esperanza de mejorar de fortuna (aunque a los epicúreos extremos esto no les guste) son lo que más nos diferencia de cucarachas y roedores.

El olvido tiñe a los que están y los que se han ido, los amores y los desamores, los amigos y los enemigos, hasta a nosotros mismos que cada tanto nos perdemos. Cuando el azar nos pone ante determinados matices, se dispara la memoria y todo pasa a ser contemporáneo, vivo, susceptible de asociarse con alguna percepción de nuestro pasado. Lo ajeno se revela familiar. Nos descubrimos matando el olvido, casi sin querer, con el pretexto de otros. A eso le decimos memoria.

Cuando comencé la "mitad inconfundiblemente segunda" de esta bitácora dije la continuaría persiguiendo propósitos muy diferentes de aquellos que habían presidido la elaboración de los textos de la primera parte. Hoy intentaré iniciar una serie de comentarios, críticas o lo que fuere acerca de escritores de nuestra tierra, de esos que sólo conocemos gracias a la casualidad, ese otro motor de la Historia.

Sabía de la existencia de Daniel Moyano por haberlo oído o leído nombrar, pero recién fue hace poco tiempo, leyendo unos posts insertos en cierto foro de opinión, que me nació la verdadera curiosidad por sus escritos. En esos mensajes una forista de La Rioja, Provincia (para los no argentinos, léase: "Estado") de adopción del escritor, intentaba rescatarlo del olvido en que este hombre nacido el 6 de octubre de 1930 en Buenos Aires, cordobés de crianza, a veces músico, a veces plomero, a veces albañil, siempre artesano de las letras, ha caído.

Si me estuvieras leyendo, Marcela, puedo decirte, tras la lectura de los cuentos de la antología "El Monstruo y otros cuentos", que este tipo es nomás uno de los buenos narradores injustamente olvidados de la literatura argentina. Te cito textualmente: "...parecía que toda la magia de este prodigioso narrador -cual durmiente de cuento de hadas- hubiera recibido el maleficio de un sueño injusto, y permaneciera latente a la espera de un acto salvador que la despertara".

El acto salvador, el renacimiento del artífice olvidado, no sólo depende de recientes reediciones ("El trino del Diablo",Córdoba, Rubén Libros, 2004; "El rescate y otros cuentos", Interzona, 2004, y "¿Dónde estás con tus ojos celestes?", Gárgola, 2005). Porque es tarea de los amantes de la lectura el investigar un poco las bibliotecas, las librerías de viejo, divulgar los hallazgos que se hacen, compartir con los seres queridos la alegría de esos descubrimientos. Estaba pensando en que esta conducta viene a ser una especie de complot cultural, y me vino a la mente algún famoso político argentino que insistía a los suyos con eso tan viejo de que "el tiempo mata a los hombres pero la organización vence al tiempo". Que no por perogrullesco deja de ser veraz: conviene ser de la Secta del Fénix, esa vasta conspiración.

Moyano tardó en obtener reconocimiento como el muy buen escritor que, tras leerlo, uno comprende es. Eso sucedió cuando en 1967 un jurado compuesto por los escritores Leopoldo Marechal, Augusto Roa Bastos y Gabriel García Márquez le otorgó el premio Primera Plana. La obra galardonada fue la novela "El oscuro".

Había nacido en Buenos Aires. A los cuatro años su familia (padre con orígenes riojanos en Olta y madre brasileña, 'mineira') se trasladó a Córdoba, donde su padre mató a su madre, quedando los hijos a cargo de distintos familiares mientras cumplía una condena en prisión. Moyano hijo, entre tanto cursaba sus estudios, se ganaba la vida con oficios diversos, como plomero o albañil casi siempre.

A principios de 1959 se trasladó a La Rioja. Trabajó para el Diario "El Independiente" e inició su carrera como periodista local, corresponsal de "Clarín" y columnista de la entonces muy leída revista "Primera Plana". También fue ejecutante de instrumentos de la familia del violín en el Cuarteto de Cuerdas y Orquesta de Cámara, y profesor en el Conservatorio Provincial de Música.

A fines de marzo de 1976 fue detenido en su casa de La Rioja por orden del gobierno de facto, y dicen que hasta se lo sometió a un simulacro de fusilamiento (ignoro cuál sería exactamente su militancia política, si la tenía). Luego de quedar en libertad salió del país y se radicó en España, donde nuevamente emprendió tareas como operario para ganarse la vida. En 1985 le otorgaron en Francia el Premio Juan Rulfo por el cuento "Relato del halcón verde y la flauta maravillosa". También fue crítico literario del diario madrileño "El Mundo" (y, a juzgar por su excelencia como prosista, no me cabe duda que lo haría bastante mejor que ese señor Umbral y otras desgracias literarias y periodísticas que padecen en la prensa los hermanos peninsulares). En Madrid falleció Moyano el 1 de Julio de 1992.

Reseñaré, perdonen mi ignorancia, el libro que por esos azares del rebusque (o lo determinado por la Secta del Fénix en materia de Suerte y Destino en las bateas de las librerías de viejo, vaya uno a saber) vino dar en mis manos: "El Monstruo y otros cuentos", antología editada por el Centro Editor de América Latina, Serie del Encuentro, Buenos Aires, 1967, 124 páginas, más índices, pie de imprenta y portadas.

Se abre el florilegio con "El Monstruo": gran cuento con una manera inconfundiblemente nuestra, de narrar, decididamente superior al de algunos autores de importación que están de moda. "El monstruo" revela sensaciones que todos hemos sentido alguna vez ante determinado tipo de expectativas. No pude evitar relacionarlo con algunos cuentos de Rulfo, Cortázar o hasta Borges o Denevi que derivan a lo fantástico-fabulesco desde lo cotidiano, o con algunas cosas de Abelardo Castillo como "Also Sprach el Señor Núñez", aunque éste sea un cuento dotado de una violencia que el de Moyano no tiene.

"La puerta": imagino que, como todos los cuentos de la antología pero de manera más acentuada en este caso, es de fuerte trasfondo autobiográfico. Puerta que representa esa que todos quisiéramos - y tememos - abrir, y que permanece como emblema de lo imaginario hasta que el azar del tiempo nos decide a traspasarla.

Moyano es un refinado estilista: se nota desde las primeras líneas de "La fábrica" un estudio psicológico de las miserias y ocultamientos, pero también ensueños de muchos seres humanos de voluble ambición, una exposición literaria de lo que fue la mentalidad de los miembros menos afortunados de las sociedades industriales desarrolladas a partir de migraciones del agro a la ciudad. El "homo faber" haciendo su historia al transformar la materia, "leit motiv" caro a determinadas ideologías y escuelas historiográficas.

También somos un sueño de los otros. Nos ven como nos necesitan, y a veces no somos esos. De semejante equívoco trata, sobre todo, "Juan", un relato del ocaso de una existencia, un estudio psicológico lindante con la literatura de género fantástico.

Sigue "Artistas de variedades". Citemos unos notables pasajes de nuestro escritor: "A su tristeza natal se sumó otra histórica, indescifrable"..."Le parecía que en la ciudad estaban realmente todas las cosas buenas del mundo, pero que no eran para sus habitantes, condenados a verlas solamente y rozarlas apenas en marcha inacabable que era como un gran círculo doloroso. Las cosas buenas y milagrosas estaban allí para otros, para uno como él por ejemplo, que viniera desde afuera para disfrutarlas interminablemente". ... "Se conformó por lo menos con la idea de que esa gente existía, aunque él no pudiera imitarla".

El olvido tiñe a los que están y los que se han ido, los amores y los desamores, los amigos y los enemigos, hasta a nosotros mismos que cada tanto nos perdemos. Cuando el azar nos pone ante determinados matices, se dispara la memoria y todo pasa a ser contemporáneo, vivo, susceptible de asociarse con alguna percepción de nuestro pasado. Lo ajeno se revela familiar. Nos descubrimos matando el olvido, casi sin querer, con el pretexto de otros. A eso le decimos memoria.

Y Memoria, con mayúsculas, son los demás cuentos del librito. Así, como dulce y áspera memoria de persona de bien de existencia difícil, van sucediéndose los otros relatos. "Una partida de tenis" ("Al final de cada ciclo el derrumbre llegaba y ya no había nada que esperar. Pero he aquí que siempre aparecía el milagro, una persona, un rostro inadvertido, y se iniciaba así un nuevo tiempo de salvación"), género fantástico "rulfiano" otra vez: los fantasmas de la pobreza y las neurosis que nos persiguen. "El joven que fue al cielo", relato acerca de determinado momento psíquico y financiero del joven intelectual pobre: esas situaciones en que puede suceder que se lleve a una persona, sirviéndose de su angustia e incertidumbre, a absolutamente cualquier parte, hasta a sitios donde se comen panchos acompañados por cierta famosa bebida que me disgusta por su sabor a jarabe y temo por su eficacia para aflojar tornillos...

"Los mil días" trata de los sobrevivientes tristes, esos esperanzados melancólicos de los que hablara Kierkegaard, que no desesperan por el dolor que les haya causado el pasado, pues saben que la tristeza está al acecho para cuando la tengamos olvidada. Escritores como este Moyano demuestran que felizmente siempre se puede hablar de lo que se quiere hablar, aunque a veces no resulten suficientes las palabras y debamos hacer un ejercicio empático adicional para entender cabalmente a quien arriesga su discurso: "...esos documentos del tiempo que había en el baúl inevitablemente envejecidos. Era como si la muerte, que él temía, saliera del interior del mismo".

"Nochebuena" es la historia de Ramírez, funcionario huidizo de la realidad, que "evadido de su familia, a la que consideraba indigna, anduvo mucho tiempo de aquí para allá pidiendo ayuda a media humanidad, soportando seres y situaciones absurdas, fabricándose casi voluntariamente esos fantasmas que durante mucho tiempo no le dieron paz a su alma. Es decir, que creyendo huir de su familia, al fin todo resultó igual, puesto que él mismo creó sustitutos idénticos". Con un final nuevamente de corte fantástico que me evocó un cuento muy distinto pero con algún pasaje en que se hace gala de un manejo similar de la psicología del tiempo: "El tiempo y los gatos", del norteamericano Howard Fast.

"El rescate" es una dura historia rural, un tipo de cuento al que nuestros escritores de provincias acuden tantas veces (sí, y los estadounidenses y mexicanos también), casi un esquema de tragedia griega. Los personajes oníricamente unidos en el magma de la desgracia y el destino intercambiable de los hombres: "...quizá un cuchillo en la mano, mientras se mira con odio, pueda ser realmente la muerte..."

"El milagro" es un retrato psicológico de quien ha zafado de la pobreza y es requerido de auxilios financieros pero también afectivos: hasta los milagros penden de un hilo, del mismo modo que a Seguro lo llevaron preso ;-).

Y "La lombriz" es el largo relato de la maldad gratuita ... tal como la creemos ver bajo emoción. Es notable cómo algunas personas extrañamos la agridulce infancia mientras que otras, como el personaje de Daniel Moyano, que acaso fuera Moyano mismo, sólo desean crecer para escaparse de ella. Y en realidad quedan igualmente atados a esa irrepetible niñez formadora (y fortalecedora) de personas para toda la vida: ..."nada podía valer un cielo para pocos elegidos, porque sería un lugar lleno de remordimientos. Cómo gozar del cielo cuando había un infierno. Y bastaba el dolor de un solo hombre para impedir la alegría". No, no es Dostoievksy, sino "apenas" el olvidado narrador argentino Daniel Moyano.

La reflexión final a cargo de este agradecido lector es que Moyano es un grande de verdad de nuestra narrativa. Sospecho su 'olvido' se deberá (como el de Luis Franco o Juan Draghi Lucero o Asencio Abeijón, y siguen los nombres) a una rara combinación entre ideología "inapropiada", origen pobretón y provinciano y escaso marketing. Moyano, aunque tenga otro estilo, no me parece menos que Cortázar, sin ir más lejos, y se asemeja bastante a algunos otros narradores de provincias, pero sobre todo recuerda mucho por momentos a Rulfo, por mantener desde lo cotidiano permanentemente abiertas las puertas de lo fantástico, de otras dimensiones, y a la rara mezcla que resultaría entre dos escritores norteamericanos llamados Erskine Caldwell (una especie de Osvaldo Soriano en versión cowboy) y Thornton Wilder (el de "Theophilus North" y "El puente de San Luis Rey"). Esto por su manejo del tiempo y la deriva de lo cotidiano a lo fantástico, ida y vuelta, desde la psicología de los personajes.

Y eso ha sido todo, Ladies & Gentlemen. Espero sepan disculpar el 'ejercicio ilegal de la licenciatura en Letras': uno compensa su carencia de conocimientos apropiados con una verborrea pseudotécnica de lector entusiasta. Casi toda crítica o comentario habla, en definitiva, del lector a propósito del autor que se ha leído y disfrutado (o no). Ojalá esto sirva para que alguno de cuantos se paseen por este blog decida ponerse a buscar y leer los libros de Daniel Moyano.

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P.D.: Un par de días después de ingresar esta entrada vengo a descubrir gracias a la intercesión de San Google la bitácora "Palimpsestos" que lleva el señor Néstor Tkaczek, y según parece compone en base a una columna que publica semanalmente en los diarios "Río Negro" y "La Mañana de Córdoba". Menciona a muchísimos de estos "olvidados" de nuestras letras, y vale la pena que lo lean.

[Texto revisado en agosto de 2008]

26 comentarios:

Ignis fatuus dijo...

"la necesidad de mantener la memoria y la curiosidad en perfecto estado de alerta, para saber quiénes somos y para no caer en la tentación de hacernos otros que no nos conviene ser y acaso hayamos sido"

Esta es la esencia de mucha de la (casi) tristeza, o -más bien- melancolía que llena algunas de esas noches que se categorizan de "insomnio". A mí me parece algo más sano que una patología... Uno despierta mejor que tras una noche de largas horas de sueño que bien podrían estar colmadas de pesadillas y malos recuerdos.

Y...

"Porque es tarea de los amantes de la lectura el investigar un poco las bibliotecas, las librerías de viejo, divulgar los hallazgos que se hacen, compartir con los seres queridos la alegría de esos descubrimientos"

Aquí, en Santiago, sobreviven dos viejas librerías donde se comercializa casi cualquier tipo de libro menos el "recién horneado". Uno puede descubrir verdaderas joyas que creía imposibles de encontrar (a veces hasta de existir). Vetusta es una, El Trasgo es la otra... La primera mantiene ese espíritu "raído", a media luz, de viejas estanterías de madera medio carcomidas y libros, revistas y mapas antiguos apilados en cajas imposibles...

Como siempre algunas de tus palabras se alían con la (mi) memoria para descubrirme momentos perdidos en los estantes que, en realidad, no lo están tanto.

"El monstruo y otros cuentos", me lo apunto...

Alfredo dijo...

Ese espíritu "raído" de librería de viejo tiene lo suyo. A veces hasta combina perfectamente con el ejemplar que hemos hallado entre el polvo y la madera carcomida, y que ya por su olor y aspecto nos transporta al tiempo en que alguien inauguró su lectura.

No pocas veces el rostro que hay del otro lado del mostrador, en la caja, hace composé con ese clima mental que nos estamos configurando, y que seguramente nos acompañará durante la lectura. A mí, al menos, me vuelve a acompañar cuando reencuentro los libros en mis propias estanterías polvorientas, al cabo de un tiempo: recuerdo la compra, la primer lectura, las compañías de ese entonces, las esperanzas, ilusiones y descubrimientos de esos días.

Combatir el olvido es un deber de rebeldía vital que no todos aprecian. El descubrimiento de Moyano, de su sensata melancolía esperanzada, hayan sido cuales hayan sido sus opiniones (sospecho a raíz de ciertos datos que en ciertas cuestiones no hubiéramos coincidido), es de los gratos, de los que te traen a la memoria palabras como aquellas que conocerás, de Ferreiro:

«...doume ao medo dos primeiros homes
que alcenderon lumieiras nos curutos
e creeron na libertá dos sonos.» (traducción para Lucas, que no sospecha la lengua de Pondal: "me entrego al miedo de los primeros hombres, que encendieron hogueras en las cumbres y creyeron en la libertad de los sueños")

Por aquí se extraña eso: la buena gente que creía al alcance de su tiempo la libertad de los sueños. Lejos nos hemos ido de esa infancia. A veces las lecturas nos revelan nuestra voz en la más afortunada pluma de otros. Y se celebra.

:-)

Soledad dijo...

Yo también me lo anoto. Al Moyano este no lo conocía. Y recuerde que me adeuda el lemoncello y que acepto donaciones de botellas totalmente llenas de bebidas espirituosas varias.
:P)

Marcela dijo...

Qué grata sorpresa, Alfredo, encontrarme con tan buenos comentarios de los cuentos de mi querido Daniel Moyano. Es la primera vez en la vida que posteo en un blog, así que estoy un tanto inhibida por el formato desconocido y la apertura de páginas y de cuenta.
En efecto, se trata de un gran narrador, autor no sólo de cuentos sino de novelas de gran complejidad y excelencia, tales como El Trino del Diablo que arranca con el craso error cometido por Juan Ramírez de Velasco al fundar la matrecha provincia de Triclinio, su protagonista (ésta, mi Rioja) en un capítulo sin desperdicios. Después, ampliaré el comentario.
También recomiendo el Libro de Navíos y borrascas (sobre el tema del exilio) y Tres golpes de Timbal (una historia desde el realismo mágico latinoamericano). Bueno, felicitaciones por el sitio y que las lecturas de Moyano se multipliquen.
Hasta prontito
Marcela

Alfredo dijo...

De paso por mi propia página a la velocidad de los buenos bomberos:

Sole: Ya lo sabemos. Alcohólicos Anónimos la espera en la parroquia de su barrio ;-)

Marcela: Una alegría leerte por acá. Me alegra que te haya gustado el post, y me anoto las recomendaciones (comienzo a entender de dónde venía aquello de "Pago de Triclinio Violinista"). [Importante es que sepas que no es imprescindible registrarse para dejar comentarios (a menos que vayas a abrirte un blog propio, cosa que si te interesa podrás hacer, porque ya cargaste un perfil en Blogger): podías seleccionar "Otros" o "Anónimo" y poner tu nombre o nick donde dice 'nombre de usuario'. Luego se llena la verificación de palabras (que inclui para que no me llenen la entrada de spam), y listo.]

Nos leemos

Mnemosine dijo...

Lu Zhung (lo escribo mal adrede) decia:
"Las palabras no pueden expresarlo. El silencio tampoco"

Nada, solo eso, desde (Osaka) Nihon

Alfredo dijo...

:-) Honolable Mnemosine: ¡Sayonara, aligato, banzai, etcetera!

A veces ni las palabras ni el silencio. Pero hay que intentarlo.

Mnemosine dijo...

Sabias que aqui nunca nadie dice Sayonara! Solo si se piensa que ya no se volvera a ver a esa persona o para las despedidas "largas". No se porque pero aqui todo el mundo me lo dice.

Un abrazo (y cuidense haya donde esten)

Alfredo dijo...

¡Lo sabía! Era de suponer que, del mismo modo que -contra la creencia de los forasteros- los argentinos de la zona este no nos la pasamos diciéndole "che" a todo el mundo, el "sayonara" fuera algo apropiado para ocasiones especiales.

(Por experiencia, recomiendo no esquivar las despedidas "largas": varias veces permití que determinadas personas se quedaran o se las tomaran sin decir "sayonara" ni sus equivalentes, y nunca las volví a ver. Así que no cometas japonecedades -© Paul Groussac, citado por Borges-, y obligá a tus anfitriones, amigos y amantes a despedirse conforme todas las reglas de la etiqueta insular).

... nada para decir dijo...

Trataré de conseguir este libro de "mounstro y otros cuentos", sus comentarios me dieron ganas de leerlo.
Como siempre me gusta leerte, y mis comentarios pasan de escasos a pequeños...
Que podria decir yo?
Tiene una forma de escribir con la memoria en las manos, disiento un poco en su definición de memoria, pero no en muchas cosas más.
Por acá, por allá, nos estaremos leyendo...
Me gusto mucho lo de las artesanias con las letras

"mi cabeza es un lapiz que no deja de dibujar"

Un abrazo

Gaia

Alfredo dijo...

Hola, Gaia. Te va a costar conseguir esa Antología que encontré por casualidad. Acaso haya que seguir las recomendaciones de Marcela, esos títulos que ella dice, o echar mano de cualquier otra antología de este autor. Es un narrador más que interesante (algo tristón en su 'clima estético', eso sí).
Otrosí digo: No hay -creo- definición de memoria en mi texto, sino una especie de reflexión acerca de ciertos usos de la memoria o creencias acerca de lo que es... ;-). Lo de los artesanos de las letras es absolutamente cierto: para que me guste un escritor, por lo general, ha de ser quien me transmite la misma sensación que un fileteador, una bordadora, un futbolista exquisito o un malabarista de circo... ese hallazgo de lo bello y exacto y esa necesidad de compartirlo. Cuando un escritor planifica mucho, cuando trabaja demasiado la estructura de su poesía o narración, ya me gusta menos, me pasa que imagino estar viendo los hilos con que maneja los títeres, y el arte es sobre todo ilusión, querer creer que la niñez no ha terminado.
Antes de fin de año, prometido, nos leemos de nuevo, por otro lado.
Un beso

principio de incertidumbre dijo...

(comentario al margen: tremendo lo de sayonara)



Usted sabe que ando medio perdida de la blogósfera. Pero que lo leo, de hecho ya leí esto hace varios días e iba a comentar, y el tiempo, o la justicia poética hicieron que no desparrame mis letras imprudentes. Moyano me gusta, sí, sí.

Voy a ver si para las vacaciones me compro "Dónde estás con tus ojos celestes".

Y en mi casa tengo una foto de él, tocando el violín.

Un bacio.

Alfredo dijo...

Yo ando detrás de "El trino del Diablo". En vista de algún comentario que hizo Marcela por ahí arriba, si habla de Ramírez de Velasco, por la época uno puede intuir algún cierto ambiente similar a narraciones de época de Payró o de Mujica Láinez, por ejemplo, que me gustaría poder leer en el estilo de Moyano. Veremos.

(lo de 'sayonara' traído por nuestro Mnemosine, el corpulento hispano en el jardín de los ciruelos nipones, me trajo a la memoria ciertas despedidas en estaciones de tren, en terminales de ómnibus y en aeropuertos, con gente que está viva y lejos y con gente que está muerta, espero que no para siempre, y que en todos los casos o no me dejó decir adiós o no supe provocar la oportunidad de hacerlo... También se me volaron las cuatro neuronas que me quedan hacia el cuento de Giovanni Papini "Noticias del más allá" y a Swedenborg, y Goya, y Sterne, y... ;-) )

principio de incertidumbre dijo...

Mire, yo tengo cierta, teoría, que las personas que no se dijeron adiós, tienen su despedida, esperando en el éter. Sino, no sería justicia.
Yo creo que hay miles de vidas salvadas por ojos cruzados en estaciones de trenes, ómnibus y aviones... quién sabe.

Ahora que me robaron todos mis documentos, no puedo sacar a Papini de la biblioteca.
:(

Alfredo dijo...

Dont worry; be happy!: lea aquí. :-)
Saluditos

principio de incertidumbre dijo...

Su generosidad es directamente proporcional con su verborragia. :)


Me quedé colgada con la posibilidad de ser siempre uno...

Cosas en las que usted hace pensar y luego es difícil salir.

... nada para decir dijo...

pensaba en el olvido, pensaba en el recuerdo, pensaba en los no-actos realizados, en el pensamiento en ellos (sin que nunca se hagan realidad), pensaba en esa frase de que "el olvido esta lleno de memoria" y la memoria está llena de olvidos...
tantas cosas, ayer me dediqué a escuchar a un señorcito titiritero, que me regaló un retazo de sus pensamientos... de la individualidad, de como cambia la vision del bien y del mal segun la persona, de las leyes universales, existentes antes de nosotros...

Pensaba, pero ahora siento, y de a POCO el olvido pierde importancia, cuando mi presente se llena de segundos para guardar...

Para "bien" y para "mal"

Nada que ver, no me de mucha importancia, pensamientos casuales.

Gaia

Alejandro dijo...

Hacía rato no entraba a tu blog, y me encuentro con esto. Buenísimo. Te cuento que la detención del escritor en el 76 habría sido porque era tocayo exacto de nombre y apellido de otro periodista buscado como miembro de una organización armada de las varias que -aparte la de color caqui que lo detuvo, claro- asolaban el país. Se habrían equivocado de Daniel Moyano por coincidir su oficio de hombre de prensa. Otras veces pasó. Política al margen, escribía muy bien.
Salu 2 y buen año 2006, con retraso y pidiendo perdón por eso.

Anónimo dijo...

Esta es mi primera incursión por los pagos de los blog, de modo que puedo hacer algo mal.
El tema es DANIEL MOYANO, ese gran músico, excelente escritor y por sobre todo mejor persona, algo que pueden certificar todos los que tuvieron la suerte de conocerlo y compartir algo con ese amigo.
Comento a todos los que les interese la cuestión moyanística, algo que Marcela sabe. Durante la Feria del Libro 2005, de La Rioja sudamericana, la Biblioteca Mariano Moreno presentó la "Vitrina de Daniel Moyano" en la cual se exponían las primeras ediciones de los veinte libros de Daniel Moyano, contando las reediciones, llegan a treinta y uno libros. Con ese motivo, se publicó un interesante Catálogo cuya versión digital pongo a disposición a quién lo solicite via correo electrónico, a mi casilla de correo:gawagener@arnet.com.ar. Son catorce archivos, que se imprimen en hojas A4, frente y dorso, siguiendo la numeración de los mismos.
GUSTAVO

Alfredo dijo...

Gracias, Gustavo. Lo que vamos a hacer es algo que me parece más útil, a saber: en unos días voy a ingresar una nueva entrada, y como un aparte, al pie, copiaré esta generos oferta tuya, así los cuatro gatos que pasean por aquí lo tienen presente, si no se les ha ocurrido pasearse por este viejo post. De más está decir que me anoto (ya recibirás mi mail) para recibir ese catálogo. De hecho, por mi casa anda un ejemplar de la antología de 1967 cuya recensión perpetré aquí, que tengo entendido la tuvieron que conseguir prestada de un particular para exhibirla en la Biblioteca. En breve, sale para La Yioja City.

Instrucciones para postear comentarios: seleccioná "Otros" y donde re aparezca la casilla correspondiente le mandás "Gustavo". Y listo.

Un cordial saludo

Marcela dijo...

¡Qué chico es el mundo! Moyano, Biblioteca Mariano Moreno de La Rioja, libro que espera en el andén...
Cosas veredes, Sancho

Alfredo dijo...

¿Viste la de riojanos que andan sueltos por Internet? Las autoridades deberían hacer algo al respecto ;-)...

GUSTAVO dijo...

Comenzando el domingo, les cuento que en el sitio www.elpanconi.com.ar en la opción "Descargas" se puede bajar Tres Golpes de timbal, y en el mismo sitio está "Arpeggione" que Panconi lo presenta como inédito, pero que ya fue publicado en Un silencio de corchea.
GUSTAVO

GUSTAVO dijo...

ESTIMADO ALFREDO:

Perdón por hacer una observación, sobre el primer comentario que haces sobre la obra de Daniel Moyano. Tú (o vos) dices que Jorge Luis Borges integraba el jurado que premió el libro "El oscuro". Según la contrapa del mencionado libro (Primera edición) dice que jurado lo formaban Gabriel García Márquez, Leopoldo Marechal y Augusto Roa Bastos.
Chisme para quién le pueda interesar: en Deremate.com está la oferta del libro Artistas de Variedades a la módica suma de $ 150,00 (argentinos)
GUSTAVO

Alfredo dijo...

Es seguro que la contratapa de la primera edición del libro no puede mentir: el error ha de ser de Página/12 o La Nación, de cuyas ediciones saqué ese dato. Mi primer contacto con Moyano fue la lectura de esta antología. Además, por ejemplo, Roa y Marechal escribían para la revista "Primera Plana". Tiene más sentido que sea como estás contando.
Gracias, Gustavo.

GUSTAVO dijo...

A todos los lectores actuales o potenciales de Daniel Moyano les comento que en la WEB se consiguen bastantes libros, tanto en Argentina como en España, además de los tres últimos publicados. También les cuento a los porteños y "payucas" que visiten los Buenos Aires (¿que tienen de buenos?), que en las Ferias de Libros como Parque Rivadavia, Parque Centenario y otras, con un poco de paciencia pueden encontrar buen material. Otro lugar está en calle Florida, pasando Paraguay, subiendo a la mano derecha, hay una galería con una docena de librerías de usado que también tienen libros de Moyano y que lo conocen.
Espero que esta información les sea de utilidad. Lean todo lo que encuentren de Daniel Moyano, que no tiene desperdicio.
Sigue vigente el ofrecimiento de la versión digital del Catálogo de la "Vitrina de Daniel Moyano"
GUSTAVO