viernes, marzo 11, 2005

La otra tierra, el otro lado del espejo y los verdaderos héroes

"No hay país tan bello
como Inglaterra, que recorro durante las horas nocturnas
de esta tierra prometedora y desconsolada
de exilio y desaliento...".
(Raymond Chandler; "Nocturno de ningún sitio", escrito en Los Ángeles en plena depresión económica de los años 1930, y traducido vaya uno a saber por quién)


"La reconstrucción de una vida ajena es tan insensata como el trazado de una autobiografía..."
(Osvaldo Soriano; nota preliminar al artículo "La leyenda de la Rusa María", en "Rebeldes, soñadores y fugitivos"; 1987)


Chandler, uno de los autores más admirados por Soriano, dijo alguna vez que en prosa hay dos clases de buenos escritores: los que "escriben historias", cuyas palabras son precisos elementos utilitarios de narración, como Hammett, y los que "escriben escritura", como él, sin saber nunca adónde cuernos irán a parar, despreocupados del argumento y la estructura y la preceptiva literaria, al menos en apariencia, pero cautivando al lector (quien escribe y se está leyendo, el primero) con la magia del arte de ir contando historias encadenando bellas palabras. ¿A cuál de esas dos categorías pertenecería Soriano? Lo cierto es que la melancolía y la nostalgia permanentemente se entremezclan con el humor en su obra, una obra muy argentina pero, al igual que la mayoría de los mejores tangos, no ciertamente "for export".

Una vez adquirido, hace ya unos cuantos años, mi ruinoso ejemplar de la edición ochentista de Bruguera de "Triste, solitario y final" en una librería de usados que ya no existe, su lectura me reveló que no solamente la devoción futbolística por el impar San Lorenzo de Almagro, Patrono del Jogo Bonito (a veces), y el origen marplatense me unían al gordinflón y barbado periodista, columnista deportivo y político del diario Página/12, a quien admiraba por sus interesantes temas y agradable estilo. De hecho, mangaba el Página a amigos o compañeros de trabajo sólo para leerlo a él, porque no soy lector del referido periódico. Es que a mí también me gusta cierto ejercicio de memoria histórica y el tener presentes las razones y hechos de los derrotados, los protagonistas olvidados u ocultos, tan reales como sus vencedores. En una palabra, estoy seguro de que, como en algún cuento insinúa Borges (creo que "Los teólogos"), el vencedor y su víctima pueden ser en un determinado plano una sola y la misma persona. Así que nuestros "winners" podrían ahorrarse ciertos despliegues de vanidad.

En el mundo de Chandler - y de Soriano - no se descarta que haya gente sobresaliente que llegó a rica, famosa y reconocida por una feliz combinación de esfuerzo, constancia, inteligencia, creatividad y suerte. Pero casi nunca aparece en escena. Los protagonistas tienen que vérselas no con esos sino con tipos cuyo éxito se logra a base de poner zancadillas a otros que tienen menor poder de condicionamiento sobre las relaciones sociales y están indudablemente menos dotados para el autobombo y el engreimiento hechos profesión: hasta los más atorrantes de esos protagonistas tienen algo llamado "escrúpulos".

En este mundo chandleriano y sorianesco, no siempre quienes triunfan lo merecen. Algunos personajes hacen lo suyo como mejor pueden. Desde la modestia, estos "héroes del silencio" cumplen su destino tratando de no hacerse notar en demasía, hasta que toman conciencia de que están derrotados, y entonces abandonan la lucha no tanto por la mera circunstancia adversa sino más bien por aquello de "soldado vivo sirve para otra guerra". Y también, acaso, porque "lo importante no es llegar, sino seguir". Tras cicatrizar a medias sus ocasionales heridas, siguen adelante con su vida, con remotas y menguadas esperanzas (o ninguna) de revertir la situación, porque aprendieron que la única manera de no morir para siempre es dando un poco de digna pelea mientras haya vida.

Stan Laurel, Oliver Hardy y el "private eye" Philip Marlowe son, en sus talantes de personajes de la ficción de Soriano, ilustres derrotados que hicieron dignamente lo suyo y sin embargo sus derroteros apenas indican la soledad, la melancolía, el desengaño. También la sonrisa irónica, pero eso no impide la injusticia del mundo, dominado por hipócritas y fariseos "exitosos", "sutiles" y "brillantes", que buscan la complicidad de sus iguales para sentirse superiores al resto, uno se pregunta para qué, si somos como sueños, por mucho disfrute de lo sensorial que gocemos en vida... si ir por ahí perjudicando al prójimo como sistema de vida permite algún tipo de verdadero disfrute sensorial, cosa que realmente pongo en duda.

En la ficción de Soriano, Laurel ha sucumbido en medio de la soledad y el olvido, a diferencia de su paisano Chaplin, de iguales orígenes humildes pero a quien se nos presenta egoísta, algo pedante y principalmente obsesionado por brillar. Un artista un poco más en la línea de la narrativa policial inglesa clásica.

Soriano, personaje de sí mismo en la novela (cuyo título está tomado de un diálogo de "El largo adiós") editada originalmente en marzo de 1973 por Seix Barral de Barcelona y Corregidor de Buenos Aires, se acompaña de Philip Marlowe a fin de reconstruir la vida del ya fallecido Stan. Se meten en líos cuando secuestran a Chaplin para interrogarlo, una especie de acto heroico de corte periodístico que el Soriano de la ficción de Soriano lleva a cabo interrumpiendo una ceremonia de entrega de los Oscar en que Chaplin es el homenajeado central y tras una feroz y chandleriana (¿o debiera decir "hard-boiled"?) pelea y balacera en que los palos los liga el 'cowboy' John Wayne, a quien también se describe como un villano.

Soriano co-protagoniza con su imaginación un policial de Philip Marlowe, y nos narra su aventura. ¿Pudo haber elegido otro detective de ficción el gordo? No lo creo. Sherlock Holmes para la mentalidad sudamericana parece uno de esos sosos jugadores de fútbol europeos, aburridos y previsibles: ni una miserable picardía, ni una gambeta, vea. Sam Spade es demasiado cínico y profesional. El agente de la Continental, a quien se alude en la novela en un diálogo entre Marlowe y Laurel, es demasiado despiadado. Contemporáneos de la redacción de la novela y sin tradición literaria o cinematográfica por entonces, los personajes de Columbo y Harry el Sucio ya están bastante mejor: desprolijos y sustanciosos, pero son escasamente románticos.

Así que lo mejor era tener por compañero al personaje de Chandler, prolijo, dotado de cierta ética, y discurrir por una aventura melancólica, con rastros de un desengaño moderado y una esperanza que se debe construir para que sea posible y nuestra. Todo eso, narrado con una melancolía muy propia del autor, una vena entre nostálgica y humorística aprendida de la convivencia con los habitantes del este y el sur de la Argentina.

Sí, creo que Soriano sería del segundo de los tipos descriptos por Mr. Chandler, y bien pudo haber escrito, acaso, en los setenta:

"No hay país tan bello
como Argentina, que recorro durante las horas nocturnas
de esta tierra prometedora y desconsolada
de exilio y desaliento...".


Faltaría aclarar que esa tierra prometedora y desconsolada de exilio y desaliento puede perfectamente ser, para algunas personas, la misma tierra que se añora. Es que hay otros mundos, pero están en este. Sí, señor.


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El texto precedente va para alguien que cumplirá años en estos días, eso para el supuesto que alguna vez leyere este blog.

Sale, entonces, este humilde presente, con la sonrisa evanescente de queso del sublime Gato de Cheshire.

5 comentarios:

Soledad dijo...

Me gustó. Cuántas veces extrañamos lo que está dentro de nosotros mismos.
Buen finde.

:P (no te ibas a librar de mi smiley bélico). Te mandan saludos por acá atrás.

marcelo dijo...

Por fin!!
Y bueno, si reparan para mejorar...

Bueno, solo agradecerte por el tema de hoy.

Tras cicatrizar a medias sus ocasionales heridas, siguen adelante con su vida, con remotas y menguadas esperanzas (o ninguna) de revertir la situación, porque aprendieron que la única manera de no morir para siempre es dando un poco de digna pelea mientras haya vida.Hoy es un día de esos, vió, y me hizo bien leer tus palabras.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Hola. Parece ser que se restableciò el funcionamiento de los comentarios.
Gracias a ambos, y que lo de Marcelo sea sólo eso: uno de esos "fantásticos" días que nos regalan los trabajos y los días, o sea la vida cotidiana en las grandes ciudades (en lo que a mí respecta, ya las ventajas comparativas de las grandes ciudades creo que las exploté todas; sería hora de volver a los que considero mis pagos, otra gran ciudad pero menos demente).
Saludos

Alejandro dijo...

Ya funcionan, a mí se me abre sin problemas esta ventana (hiciste bien en cambiar esta preferencia, si blogspot no varió la por defecto, se lee mejor).
Lindo el post sobre Soriano, y el anterior y el otro. No era que no sabías si te ibas a tomar esto en serio?!!
Andáaaa!!!
Salu2
(movido: el original de Alejandro es del sábado, marzo 12, 2005 12:50:18 AM)

Alfredo dijo...

Gracias. La modificación la hice yo, mientras no funcionaban los comentarios. Moví el tuyo de ayer aquí porque decidí suprimir mi post de aviso de que no andaba la función 'dejar comentarios'.
Saludos